El Gran Truco de Belleza Medieval

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Con los cosméticos de la Edad Media pasa un poco como con los del Antiguo Egipto: la mayoría tienen un tufo a invención que echa para atrás. Y peor aún, hay mucha leyenda en ellos, sobre todo en una época oscura en la que la vanidad se consideraba un pecado. Aparte de jugar con el cabello  no podían hacer mucho más, e incluso en algunos siglos, lo más decente era llevarlo completamente cubierto bajo un tocado o un velo. Solo bajo el reinado de la dinastía normanda las inglesas pudieron presumir de sus largas melenas con trenzas adornadas con telas o extensiones hechas con lana o trozos de lino.

El dominio de la Iglesia tuvo mucho que ver con el retroceso medieval de la belleza femenina. Cualquier mujer de otra civilización más antigua vivió la estética y la higiene de una manera más avanzada que las que nacieron siglos más tarde, cuando lo normal tendría que haber sido lo contrario. La evolución natural del confort se detuvo y el maquillaje pasó a ser algo considerado pecaminoso e inadecuado. El ideal de belleza en los países que formaban la Cristiandad era la Virgen María, tal y como veían en los retratos de la época: cabello largo de color claro, frente ancha y despejada, rostro pálido y ojos azules. El físico habitual de una judía nacida en Nazaret, ajá.

 

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Como no todas las mujeres de la era medieval tenían la suerte de haber nacido con una complexión clara, era necesario utilizar remedios para blanquear la piel. Los más utilizados eran la harina de trigo, la raíz de lirio y la cerusa, un tipo de carbonato de plomo conocido en inglés como blaunchet y que hoy se utiliza para proteger la madera de los muebles. En el siglo XIII, se puso de moda el polvo de ciclamen blanquear el rostro, aunque no hay forma de saber si los resultados eran satisfactorios. Todos esos remedios tenían que ser mezclados con un poco de agua de rosas caliente para evitar que el efecto fuera demasiado artificial. Lo de ir pintada descaradamente como un payaso solo era válido para las prostitutas. Se suponía que las mujeres decentes no necesitaban enaltecer sus encantos. 

Los ojos también se dejaban en paz. Los pigmentos y perfiladores tan apreciados en civilizaciones antiguas desaparecieron en la Edad Media, y la belleza medieval tuvo que centrarse forzosamente en la piel. De su estado, color y condición dependía que una mujer se considerara sana, atractiva y deseable. ¿Pero cómo? Ninguna mujer de la historia de la humanidad se ha librado, ni se librará jamás, de tener arrugas, puntos negros, granos, rosácea, cicatrices, deshidratación y flacidez.

 

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El gran secreto medieval para “restablecer la belleza perdida” después de aquellos hábitos que destrozaban la piel de las mujeres de la época, como la exposición al sol, un devastador invierno, las “lágrimas por los muertos que secan el rostro”, o una sucesión de partos año sí, otro no, no era más que una pomada casera hecha a base de prímula, agua destilada y grasa de cerdo, obviamente obtenida después de haber hervido la carne del animal. La grasa de cerdo solía utilizarse también como ungüento capilar para matar los piojos, otra de esas cosillas habituales en la Edad Media que las novelas románticas se encargan de omitir, como los velos y los tocados.

La grasa de cerdo como cosmético medieval también aparece el texto para mujeres escrito en el siglo XII por la doctora Trotula de Salerno. Su tratado tenía unos sesenta capítulos, dedicados especialmente a solucionar problemas femeninos como los dolores de la menstruación o el control de la natalidad, pero incluía una obra en la que hablaba de higiene y del cuidado de la piel: Trotula minor.

 

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“Contra las quemaduras solares, echad raíces de lirio domesticado, limpio y triturado vigorosamente. Luego tomad una onza de polvo de masilla, alcanfor, plomo blanco y grasa de cerdo y dejad que se prepare con agua de rosas y guardadlo así preparado para usarlo más adelante. Debe notarse que esto es bueno para la piel quemada, las fisuras de los labios y cualquier tipo de pústulas de la cara, y también para tratar y prevenir las excoriaciones. Por la noche, la mujer debe untarse con esta grasa frente al fuego, para que por la mañana se haya liberado de las aflicciones mencionadas. Esto eleva la piel y la embellece hermosamente, y no necesita ser removida por la mañana con lavados, ya que su aplicación no altera el color de la piel”, dice parte del párrafo dedicado a los remedios faciales.

Trótula era una mujer inteligente, porque no solo daba grandes pautas de belleza a las mujeres de Salerno, sino que también advertía de que debían mantenerlos en secreto, supongo que para que no fueran acusadas de vanidad. Por ejemplo, recomendaba utilizar clavo o almizcle para perfumar el cabello, pero aconsejaba esconder los pedazos dentro del velo o entre los mechones de pelos trenzados, para que nadie pudiera verlos.

 

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Trótula de Salerno no admitía la pereza de las mujeres desarregladas. “Además del cabello, la cara también tiene que adornarse, ya que ese embellecimiento, si está bien hecho, hará que incluso una mujer fea sea bella. La mujer tiene que hacerlo de la siguiente manera: primero, debe lavarse bien la cara con jabón francés y agua caliente. Después de secarse, debe utilizar aceite de sarro y ungir bien. Entonces debe untarse con este depilatorio, hecho con brea y cera griega y disolverlo en un recipiente de arcilla. Una vez disuelto, hay que agregar una sola gota de gálbano y cocinarlo largo tiempo con una espátula. Cuando esté tibio hay que frotarlo en la cara, pero con cuidado de no tocar las cejas, durante una hora, hasta que se enfríe, y luego retirarlo. Esto elimina el vello, refina la piel, la hace bella y hace que las manchas sean transparentes”.

Me encanta el consejo de dejar las cejas en paz. Seguro que las mujeres que vivieron los 90 están de acuerdo con este tip medieval.

 

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“Para adornar los labios, solo hay que mezclar miel con brionia blanca, pepino y un poco de agua de rosas. Hay que hervirlo todo hasta que la mezcla se reduzca a la mitad. Con este ungüento hay que untar los labios y lavarlos con agua caliente por la noche. Solidifica la piel de los labios y la vuelve extremadamente suave”, es otro de los extractos del capítulo dedicado a la boca. “Para tener los dientes blancos, hay que lavarlos con buen vino. Después la mujer debe secar los dientes con un trozo de tela blanca. Finalmente, hay que masticar cada día hinojo, apio o perejil, porque limpia las encías, blanquea los dientes y deja bien olor en la boca”.

“Las viejas arrugadas deben extraer el juego de iris maloliente y ungir la cara con él todas las noches. Por la mañana, la piel se despertará y entrará en erupción, y cuando eso ocurra entonces aplicaremos la pomada de grasa de cerdo y lirio mencionada anteriormente. El proceso hará que la piel se vuelve refinada y delicada”, era el consejo para las mujeres consideradas maduras en la época. Sabiendo que con veinte ya eran mayores para casarse, a lo mejor se refieren a decrépitas ancianas de treinta y seis años.

 

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No es difícil darse cuenta de que eran consejos poco prácticos para mujeres pobres, que probablemente no tenían acceso a según qué hierbas o ingredientes y tal vez ni siquiera a un buen fuego encendido cada noche. Trótula, considerada la primera ginecóloga medieval, ocupaba una cátedra en la escuela médica de su ciudad, y sus oyentes eran unas nobles italianas conocidas como las señoritas de Salerno. Sus remedios eran tan precisos y eficaces que varios siglos más tarde, hubo quien puso en duda que semejante sabiduría hubiera podido ser escrita por una mujer. También fue la primera en sugerir que los problemas de infertilidad podían ser cosa del marido, y no de la esposa, como se creía entonces, y de recomendar opiáceos para aliviar los dolores del parto.

Volviendo a la belleza, Trotula recomendaba a sus chicas que se mantuvieran activas con grandes caminatas, llevaran a cabo una dieta saludable y se hicieran sus propios masajes corporales con aceites y grasas animales. ¿Compramos un bote de sobrasada y lo probamos?


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11 Comments

  • Lullaby dice:

    ¡Me encantan tus post sobre historia de la belleza! Son muy interesantes.
    Una pregunta que ahora no viene a cuento, hace tiempo que estoy buscando tu post sobre la hidrolipoclasia y no hay manera de encontrarlo 🙁 ¿Lo has eliminado?

  • Mely dice:

    Me ha encantado! jajaja vamos por sobrasada 😉

  • G. dice:

    Daiquiri, me encantaría que hicieses un post sobre Raquel Welch y sobre algunas mujeres despampanantes de su época (Elizabeth Taylor, Brigitte Bardot, Sophia Loren…) Leí el otro día un artículo sobre como les había afectado el paso del tiempo y la verdad es que Raquel Welch gana por goleada ¿cuál será su secreto (aparte de la cirugía)?

  • Mireia dice:

    Daiquiri si la última foto es captura de alguna peli y sabes cuál es, me la podrías decir?
    Gracias!!

  • Maria C. dice:

    Daiquiri, voy a mil y no te he dicho nada pero ya hace una semana que me hice la keratina en Beauty Brazil y…wwwooowwww!! Feliz es poco, estoy encanta, mil gracias por este descubrimiento, de verdad! Lo unico que me fastidia es no poder usar mis adorados champus de Philip B., te puedo preguntar cada cuanto te lavas el pelo tu?

    Mil gracias y geniales estos posts historicos!!!

    • daiquirigirl dice:

      Hola! Sí que puedes usarlos, ya he aprendido que el ingrediente a evitar no es el laureth sulfate, sino el sodium chloride.
      El pelo me lo tengo que lavar cada dia de lunes a viernes por el gimnasio 😰😰

  • María C. dice:

    Qué dices!! Entonces lo estoy haciendo fatal! El champú sin sulfatos q utilizo sí tiene sodium chloride!! Y estoy como tú, me lo tengo q lavar a diario por el tema del gimnasio. Te puedo preguntar q champú/s estás usando y mascarilla si es q también utilizas? Yo no uso pero las chicas me insistieron en q es importante y estoy pensando comprar la de Moroccan oil. Gracias again!!

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