El Maquillaje de Escarlata O'Hara

El Maquillaje de Escarlata O'Hara

Vamos a hablar del maquillaje de una de las grande heroinas del cine: Escarlata O’Hara.

Hace poco leí un libro de belleza de una escritora americana: iba de modales, trucos de belleza y esa clase de cosas. Me pareció curioso leer la cantidad de diferencias que había entre las estadounidenses del norte y las del sur. Las sureñas jugaban en otra liga. Eran femeninas, se preocupaban mucho por la imagen y sabían manejar a los hombres a su antojo. Triunfaban en los concursos de belleza.

Ese don venía directamente de sus antepasadas del siglo XIX; es decir, de las de la época de Lo que El Viento se Llevó.

Cuando vi por primera vez la peli, la imagen de Escarlata O’Hara jugando con los hombres como si fueran marionetas, me hizo entender lo que aquella escritora quería decir. Así eran las mujeres del sur de los Estados Unidos.

 

 

 

En la época de la Guerra de Secesión, la belleza no se atribuía a unos rasgos, sino a una combinación entre feminidad y obediencia. La industria cosmética no era demasiado grande. El valor de los productos de tocador producidos en los Estados Unidos fue solo de 355.000 dólares. Los artículos más vendidos eran las cremas hidratantes, los polvos blanqueadores, y el rojo de labios. El maquillaje intenso se asociaba con actrices y prostitutas, como en la época victoriana y la Edad Media.

Las muchachas de la elite solo se atrevían a utilizar polvos de arroz. Eran necesarios para mantener el rostro protegido del sol. Potenciar y mantener el blanco de la piel era la clave. Para hacerlo, las mujeres recurrían a los remedios caseros, como aplicar directamente leche, zumo de limón y azúcar en el cutis.

 

 

Esa obsesión por la piel blanca se ve en una de las escenas de la película, cuando la criada Mami riñe a Escarlata O’Hara por pasar demasiado tiempo al sol, y le advierte de que tendrá que usar leche para que no le salgan pecas. Las sirvientas eran primordiales para el cuidado de la belleza de las señoritas. También eran las encargadas de lavar el cabello de sus damas y moldearlo con trozos de tela y huesos de pollo. Los productos capilares más vendidos eran tónicos que prometían prevenir las canas.

La sociedad no tenía problemas en hacer de lado a las mujeres feas y las mal arregladas. Las viudas jóvenes y las solteras de más veinte años eran consideradas una burla nacional. El término old maid, que significaliteralmentevieja solterona, viene precisamente de esos años. Pero para entender la crueldad de los hombres sureños hacia el físico de las mujeres no hay más que recordar el discurso del Gobernador Beckett en 1917: “Sed guapas. Ninguna mujer puede ser fea. Una mujer fea es un error”.

 

 

 

¿Habéis visto la película? Doy por hecho que sí. Es una historia magnífica que refleja la vida de una mujer que lo quería todo, pero que terminó llevando una vida muy distinta por culpa de la guerra. Lo mejor del film llega cuando Escarlata O’Hara se casa con Rhett Butler después de enviudar dos veces. Se convierte en millonaria, gracias a la inmensa fortuna de su marido, y es cuando nos muestran un impresionante guardarropa y los estilismos más bellos.

Me gusta especialmente la ropa de cama, los bordados de sus batines y la delicadeza de sus camisones. Por no hablar de su tocador.

 

 

 

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De esa época de la vida de Escarlata O’Hara sale el vestido más impresionante que luce en toda la película, y el que todo el mundo recuerda. Es el traje rojo que Rhett hace que se ponga para que llegue a la fiesta de cumpleaños de Ashley con la cabeza bien alta. La reputación era el bien más preciado de una mujer sureña. Cuando estaba en peligro, la única manera de salir airosa de la situación era dar la cara de inmediato y no esconderse.

La película se encarga de mostrarnos la importancia de las apariencias. Ésa era una de las escenas clave: todo tenía que salir a la perfección. Escarlata O’Hara tenía que estar deslumbrante. Uno de los trucos fue usar cinta adhesiva para subir los pechos de Vivien Leigh. La actriz no paraba de quejarse de que la cinta le cortaba la circulación.

 

 

El incónico vestido de terciopelo y seda, con perlas de vidrio en forma de lágrima y plumas de avestruz se exhibe en el museo Victoria & Albert de Londres. Para mantenerlo en perfecto estado, ya que fue creado en 1939, fueron necesarios arreglos que costaron más de treinta mil dólares

Aunque fue la película que le dio un Oscar y fama mundial, Vivien Leigh lo pasó muy mal durante el rodaje. Solo cobró 25.000 dólares por casi 200 días de trabajo, mientras algunos actores de reparto se llevaron el doble por salir solo en unas cuantas escenas. No soportaba a Clark Gable y detestaba besarle porque sus dientes postizos estaban llenos de suciedad y eso le provocaba mal aliento.

Cuando Vivien le dijo a su agente que quería abandonar la película, éste le respondió: “si te vas, no solo te tendrán en juicios hasta que te mueras, sino que no volverás a trabajar en el cine en tu vida”.

Frustrada por las condiciones de trabajo, empezó a pagar su mal humor con su asistente personal, a la que abofeteó después de que intentara ajustar la capa de uno de sus vestidos. “Tuve la marca de sus dedos en la mejilla durante el resto de la tarde”, contó la pobre mujer unos años más tarde.

 

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Vivien Leigh tenía veinticinco años cuando rodó la película, así que el gran margen temporal de la historia nunca fue un problema. Podían arreglárselas para que Vivien aparentara tanto dieciséis años como los casi cuarenta que tenía Escarlata O’Hara en la escena final.

No tuvieron la misma con suerte con Leslie Howard, el actor que interpretaba a Ashley Wilkes, el primer amor de Escarlata O’Hara. En el libro, Ashley Wilkes tenía solo veintiún años, mientras que Leslie Howard ya tenía más de cuarenta cuando aceptó el papel. Normal que durante toda la película se corra un tupido velo sobre de la edad de Ashley. Ejem.

 

 

Hay que hacer una mención especial a Belle Watling, la “amiga” de Rhett Butler de la que nunca se atreven a decir abiertamente a qué se dedica, aunque se sobreentienda. Recuerdo haber pensado, la primera vez que vi la película, que era la dueña de una sala de fiestas. Jaja.

En tiempos de guerra nadie puede comprar ni vender nada, pero las prostitutas ofrecen algo que nunca pierde su cotización en el mercado. Por eso, son las únicas que siempre tienen dinero. Es Belle Waitling la que lleva los estilismos más ostentosos de toda la película, con capas, sedas, telas brillantes, joyas para el cabello… Y lo más escandaloso de todo, tinte capilar, algo que tenía que ser poco común en esos tiempos, a juzgar por la sorpresa de Mami al ver que Belle tiene el pelo de color rojo.

 

 

Los maquilladores de Lo que el Viento se Llevó tuvieron muchos dolores de cabeza por los tiempos de rodaje. A menudo, había que rodar el mismo día tres escenas distintas por personaje, y cada escena representaba una etapa distinta. Eso significaba que tenían poco tiempo para conseguir que los actores pasaran de aparentar veinte años a más de cuarenta. Los extras también necesitaban su propio maquillaje.

La novedad del Technicolor provocaba que en las escenas en las que dos personajes interactuaban, el color del vestido de un actor se reflejara en el rostro del otro. Eso traía de cabeza a los productores. Costó un gran trabajo de luz hacer que los ojos de Escarlata O’Hara fueran verdes, tal y como explica la novela. En realidad, Vivien Leigh tenía los ojos azules, y el director de fotografía y los estilistas recurrieron a filtros de luz y ropas verdes para cambiar el color del iris.

 

Escarlata O’Hara

 

El cine en alta definición es la pesadilla de muchas actrices de anteriores generaciones, que han visto como sus defectos salían cruelmente a la luz. La belleza de Vivien Leigh no se ha visto demasiado afectada por el lanzamiento de la película en HD: su piel era impecable y apenas tenía defectos. Pero si veis la película en alta definición, seguro que no se os escapa el detalle del vello del bigote, muy visible en algunas escenas. ¡Menudo fallo!

3 Comments
  1. Vivien tuvo problemas mentales toda su vida, pero que mujerona!! Esas bellezas no existen ya! Como la Taylor o la Gardner..

  2. Maravilloso!, siempre adoré este personaje, que melodramático todo y así es cómo en esa época se entendía la vida…muy fuerte. Que pasada estos post sobre el antiguo Glamour… me encanta.

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