La Obsesión por la Belleza de Isabel I

La Obsesión por la Belleza de Isabel I

El reinado de Isabel I ha sido uno de los más largos y trascendentales de Inglaterra. ¿Cuál era la relación de la reina con la belleza? ¿Es cierto que estaba obsesionaba? ¿Por qué se maquillaba de esa manera?

La historia de la reina Isabel de Inglaterra sigue siendo inspiración para películas, obras de arte, libros e incluso muñecas. La soberana fue todo un ejemplo de valentía y determinación de principio a fin. Una mujer que vivió a la sombra durante los primeros años de su vida, pero que siempre estuvo protegida por el destino.

Esta es la historia de Isabel I.

Elizabeth Tudor nació el 7 de septiembre de 1533 en Greenwich. Fue la primera y única hija de Enrique VIII y de su segunda esposa, Ana Bolena. Por Ana, el rey se había separado de Catalina de Aragón y roto con la Iglesia Católica: la decisión que cambiaría para siempre el futuro de Inglaterra. Desesperado por tener un varón al que dejarlo su trono, Enrique VIII se llevó una gran decepción al ver que el esperado bebé era solo una niña. El rey le puso de nombre Isabel, en honor a su madre, Isabel de York.

En el siglo XVI, era impensable que una mujer pudiera reinar sola. La princesa estaba destinada a hacer un buen matrimonio y poco más.

Apenas dos años y medio después del nacimiento de Isabel, la relación de sus padres estaba rota por completo. Harto de una esposa por la que había luchado mucho y que no le había reportado gran cosa, Enrique VIII ordenó la decapitación de Ana Bolena bajo una falsa acusación triple de traición, incesto y adulterio. Los testigos de la época cuentan cómo la reina suplicó piedad con su pequeña Isabel en brazos, pero no sirvió de nada. Ana Bolena fue ejecutada el 19 de mayo de 1536 y la princesa Isabel pasó a tener estatus de hija ilegítima. Ahora, era Lady Isabel.

Princesa Isabel Tudor

De Enrique VIII había heredado el cabello rojo de la dinastía Tudor. De su madre, los ojos oscuros y unas manos largas y finas de las que se sentía muy orgullosa. Demostró desde el principio ser una niña curiosa y culta. Sin posibilidad de heredar nada ni de tener un papel trascendental en el reino, lo único que le quedaba era estudiar. Isabel aprendió lenguas extranjeras, historia, poesía y filosofía. Uno de los tutores, maravillado con sus progresos, pronosticó que Isabel sería «un orgullo para el sexo femenino».

No hay mucha información sobre la relación de Isabel con su padre, aunque se sabe que Enrique VIII la expulsó de la corte cuando tenía doce años. Cuando el rey mandó decapitar a su cuarta esposa, Catalina Howard, Isabel juró que «nunca, jamás» se casaría.

Fue la sexta y última mujer de Enrique VIII, Catalina Parr, la que consiguió que padre e hija se reconciliaran. El rey incluyó a Isabel en la línea de sucesión a la corona, por detrás de su hermano Eduardo, que nació en 1537, y de María, la hija de Catalina de Aragón.

Isabel I de Joven

El joven rey Eduardo murió a los dieciséis años a causa de una neumonía y su hermana, la católica María, ascendió al trono. Al final, lo que Enrique VIII tanto había temido iba a suceder: la corona de Inglaterra iba estar en poder de una mujer. Con la ascensión de María, Isabel pasó a ser la primera en la línea de sucesión al trono, lo que hizo que la nueva reina la mirara con malos ojos. La primera medida de María como gobernante fue restaurar el catolicismo en Inglaterra. Isabel, protestante de nacimiento, se convirtió en la esperanza de quienes no deseaban volver a estar bajo el dominio de Roma y del Papa.

María nunca se fió de su hermana e intentó por todos los medios ejecutarla por traición, pero Isabel fue lo suficientemente inteligente como para no comprometerse con los conspiradores ni dejar pruebas escritas de sus actos. Lo único que consiguió la reina fue condenar a Isabel a arresto domiciliario, un confinamiento que duró más de un año y que la princesa pasó de forma miserable.

Cuando María murió en 1558 sin dejar descendencia, Isabel se convirtió en reina de Inglaterra. Al conocer la noticia, Isabel miró al cielo y dijo «esto es obra del señor. Es maravilloso ante sus ojos». A pesar del triunfo, sus asesores estaban desesperados por que Isabel se casara en cuanto antes y tuviera un heredero. Durante un tiempo, fingió estudiar las propuestas de matrimonio que empezaron a llegar de toda Europa: nobles, príncipes y reyes estaban ansiosos por casarse con ella. O más bien, por reinar en Inglaterra.

Hábilmente, Isabel consiguió evitar el matrimonio y permanecer soltera. Aunque llegó a estar locamente enamorada de su amigo Robert Dudley, no estaba dispuesta a permitir que un hombre gobernara sobre ella.

El Gran Amor de la Reina Isabel I

Que Isabel I fuera virgen no quiere decir que no fuera presumida. Su obsesión por la moda superó a la de su padre, famoso por sus hombreras extravagantes y enormes sombreros. La reina se vestía para impresionar a los demás. Quería sorprender, ser imitada y provocar envidias entre las mujeres de la corte. No solo elegía las mejores telas, sino que también ordenaba que cosieran diamantes, rubíes y zafiros en todas las prendas que lucía.

Sus vestidos son considerados los más magníficos y elaborados que un monarca inglés ha lucido jamás.

La Ropa de la Reina Isabel I

Una de sus prendas fetiche eran los calcetines de seda pura. Encargaba sacos de cientos de unidades, a pesar de lo caro que era el material. No le gustaba que sus damas le hicieran sombra y exigía que solo vistieran de colores claros y apagados. «Solo puede haber un sol en el universo», les decía. Una dama fue expulsada de la corte por llevar un vestido rojo demasiado llamativo que puso furiosa a Isabel. No era malvada, pero sí algo envidiosa, acaparadora y celosa. Se llevó una gran decepción cuando supo que María Estuardo, la reina de Escocia y su mayor rival, era más alta que ella.

A Isabel le encantaban las joyas de gran valor sentimental. Una de las piezas que siempre llevaba encima era un anillo de rubíes con un retrato oculto de su madre en su interior.

Anillo de Isabel I con Retrato de Ana Bolena

La piel blanca era un símbolo de riqueza y estatus en el Renacimiento, y la reina se sentía muy orgullosa de la suya. La base de maquillaje de la época era una mezcla de plomo y vinagre a la que solía añadirse un poco de clara de huevo. La pasión por esa tóxica pasta blanca empezó a convertirse en una obsesión fatal para la reina Isabel I.

A medida que iba envejeciendo, su maquillaje iba siendo cada vez más esperpéntico. Se dice que el veneno de ese maquillaje fue lo que la llevó a la muerte.

Reina Isabel Maquillaje Blanco

A los cincuenta, y por culpa de su afición a los dulces, Isabel I tenía todos los dientes infectados de caries. Aunque permitió que le extrajeran con alicates las muelas que estaban en peor estado, no dejó que tocaran los dientes delanteros. Mejor llevarlos negros y podridos que no tener dientes. Los cortesanos empezaron a pintar sus dientes de negro para complacerla y evitar que su desastrosa dentadura llamara demasiado la atención.

Los años no pasan en balde y el carácter de Isabel I también se fue agriando. La carismática reina que había deslumbrado al mundo, se fue convirtiendo en una anciana maniática, testaruda y gruñona.

Los Dientes Podridos de Isabel I

A pesar de su edad, Isabel I seguía creyendo que era deseable. Eso provocó que tuviera lugar su última y bizarra historia de amor con un conde de veinte años, Robert Devereaux. Los consejeros de Isabel, horrorizados, advirtieron a la reina del ridículo que hacía coqueteando con un jovencito que fingía estar enamorado de ella y que la iba conquistando con halagos.

Por alivio de sus hombres de confianza, Isabel I abrió los ojos y ordenó la decapitación del aspirante a gígolo en 1601.

Durante sus últimos años, se negó a tener espejos en sus habitaciones. Puede que para no ser testigo de su deterioro físico. La reina Isabel I murió sola y triste en 1603. Había dado su vida por Inglaterra y moría orgullosa y con la conciencia tranquila.

Isabel había hecho un gesto con los ojos antes de morir para designar al hijo de María Estuardo como sucesor. Isabel I había abandonado el mundo, pero no los corazones de los ingleses, que siguieron considerando fiesta nacional la fecha de su nacimiento. La era isabelina pasó a la historia como un recuerdo glorioso. Sin duda, Isabel I, tal y como pronosticó aquel profesor, consiguió ser un orgullo para el sexo femenino.

7 Comments
  1. Me encanta como escribes, eres muy talentosa, sigo tu blog desde el 2014, lo descubrí buscando opiniones de Philip B, a pesar de tener edades muy distintas (estoy cerca de los 50) de vivir en otro continente y de tener una profesión alejada de estos temas, me he enganchado, muchas cosas me han servido, terminé con el acné de mi hijo menor adolescente, descubrí las maravillas del aceite de jojoba en mi piel grasa y me he entretenido mucho con tu libro. Gracias por tu dedicación es un placer leerte.

  2. Me encantan estas publicaciones!!!! Tu siguiente libro podria recoger relatos de historias sobre la belleza y su influencia en las mujeres de distintas epocas…Primera en comprar ese libro ?!!!!!!

  3. Hola Daiquiri, como te he preguntado en otros comentarios, tengo el problema que me levanto con los ojos hundidos lo que hace ver el rostro un poco cadaverico, que me recomendas para eso?. Nuevamente felicitaciones, tenes el don de escribir maravillosamente.

    1. Lo siento pero no tengo ni idea 🙁 Lo único que se me ocurre es que comas grasas buenas y omega 3 para mejorar el aspecto de la piel.

  4. Hola daiquiri, me encanta tu blog y mucho mas estos post tan interesantes de historia, una pregunta has borrado tu post sobre Catalina de Aragón?, recuerdo haber leído alguna ves en tu blog sobre ella, pero no lo encuentro mas 🙁

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