Isabel Woodville, de Viuda Pobre a Reina de Inglaterra

Isabel Woodville, de Viuda Pobre a Reina de Inglaterra

Isabel Woodville era toda una badass medieval. Pasó de no tener donde vivir a convertirse en la reina consorte de Inglaterra. 

HBO acaba de estrenar en España La Reina Blanca, una serie que cuenta la historia de su vida. Una existencia marcada por las tragedias. Consiguió triunfar, pero pagó las consecuencias. 

Su matrimonio secreto con el rey Eduardo IV es lo que llevó a la usurpación del trono de Ricardo III, el famoso malo de Shakespeare. Indirectamente, la elección de Isabel Woodville como reina echó a perder la dinastía Plantagenet y provocó la ascensión al trono de los Tudor.

 

 

En 1464, Isabel Woodville era una viuda de veintisiete años que no tenía ni donde caerse muerta. La victoria de Eduardo IV, el nuevo rey de la Casa de York, había llevado a la tumba a su marido, un caballero que había luchado en la guerra por la casa rival de Lancaster.

Con dos hijos y todas sus tierras confiscadas, Isabel iba a tener que suplicar para recuperar lo que era suyo. Cuando se enteró de que Eduardo IV iba a pasar cerca de su poblado de camino a una jornada de caza, no se lo pensó dos veces. Cogió a los niños y se sentó junto a un roble a la espera de que su enemigo pasara por allí. Cuando el rey la vio, se quedó prendado.

 

 

 

En esa etapa de la Edad Media se estilaba un tocado enorme con forma de cono. Era un accesorio pesado e incómodo que mantenía el cabello recogido y cubierto. Al ser una viuda, Isabel probablemente también llevaba un velo blanco cubriendo parte de su rostro. Al menos, en público.

En La Reina Blanca decidieron prescindir de ambas cosas. Esto es muy común en series y películas ambientadas en la Edad Media, sobre todo cuando hay una historia de amor. La razón es que los tocados y los velos tapan el cabello, uno de los atributos más sensuales de la mujer, y molestan cuando hay que reflejar una gran pasión.

Para mostrar la situación precaria de Isabel Woodville en la serie, optaron por vestidos sencillos, sin joyas.

 

 

 

Eduardo IV era un hombre increíblemente guapo. De cuerpo atlético y una descomunal altura de 1’93 cm, el rey York era todo un peligro para las mujeres. Las seducía a todas, sin importar edad o procedencia. Todas caían rendidas a sus pies.

Cuando vio a Isabel Woodville, pensó que pasaría lo mismo. Pero se equivocaba. La viuda se negó a manchar su honor acostándose con él. Durante los días de cortejo, mientras Eduardo intentaba llevársela a la cama y ella se resistía, hubo un intento de violación que terminó con la pobre Isabel usando una daga para defenderse. Cosas de la Edad Media.

La ganadora del forcejeo fue Isabel. La pareja se casó en secreto el 1 de mayo en la capilla St Mary de Graffton Regis. El matrimonio se consumó de inmediato. Para eso se había llevado a cabo, ¿no?

¿Por qué en secreto? Como rey de Inglaterra, y más en una época tan turbulenta como La Guerra de las Rosas, casarse por amor era una locura. Necesitaba un buen matrimonio con una princesa extranjera. Una unión que le diera dinero, ventajas y aliados. En lugar de eso, se había casado con una plebeya que no tenía nada.

 

 

Los hombres de confianza de Eduardo se quedaron horrorizados ante la noticia. “No importa lo hermosa que sea, es la hija de un simple caballero. No es la mujer adecuada para vos y vos tenéis que saberlo tan bien como nosotros”, le dijeron al rey.

¿Tan guapa era Isabel Woodville? Los textos la describen como una mujer bellísima. Tenía los ojos azules, la piel blanca que se consideraba ideal en la época y el cabello rubio y muy largo. “Sus párpados son grandes como los de un dragón”, dijo alguien que la vio. Otro observador la describió como adorable, con una figura perfecta y una sonrisa muy femenina.

Isabel Woodville fue presentada como reina en septiembre de 1464 y demostró desde el principio cómo se las gastaba. Era arrogante, vengativa y muy avariciosa. Lo primero que hizo fue casar a todos sus hermanos con miembros de la nobleza inglesa. De esa manera, los Woodville estarían por todas partes.

 

 

La madre del rey Eduardo, la vieja duquesa Cecilia, tenía claro que ese matrimonio iba a echar a perder todo lo que los York habían luchado tanto por conseguir. Se negó a asistir a la coronación de su nuera y la relación entre ambas siempre fue difícil.

Isabel Woodville no estaba dispuesta a que nadie la hiciera de menos. La reverencia con la que era tratada en la corte era tan ostentosa que incluso sorprendía a los visitantes extranjeros. En una cena, la reina llegó acompañada de sesenta damas y se sentó sola en una mesa de oro puro. Durante las tres horas que duró el banquete, sus mujeres tuvieron que permanecer de rodillas ante ella, sin moverse.

 

 

En 1470 sus enemigos consiguieron capturar a Eduardo IV, devolviéndole el trono al rey de la Casa de Lancaster. Antes de que pudieran atraparla, Isabel Woodville huyó con sus hijas hacia una iglesia, donde se acogió a sagrado. Estaba embarazada de seis meses.

Los comerciantes de Londres sentían tanta pena por la reina que le enviaban pan y piezas de carne cada semana. Cuando llegó el momento de dar a luz, lo hizo con la única ayuda de su madre. El niño, al que llamó Eduardo en honor a su padre, fue bautizado “como si fuera el hijo de un pobre”.

Después de una nueva batalla, Eduardo IV recuperó la corona y todo volvió a la normalidad. Durante más de una década, la reina vivió en paz y continuó trayendo hijos al mundo, hasta completar un total de diez.

La corte de Eduardo e Isabel era la más espectacular que se recuerda en la Inglaterra medieval.  Isabel Woodville tenía un presupuesto anual de mil libras en ropa. Lo gastaba en vestidos azules, cuellos de piel, piezas de oro de Borgoña y mantos de armiño. 

 

 

¿Era Isabel Woodville una bruja? No hay pruebas, pero es cierto que la reina presumía de ser descendiente de Melusina, un hada mitad mujer, mitad serpiente muy popular en la mitología medieval. Los familiares de Eduardo estaban convencidos de que Isabel y su madre Jacquetta hacían conjuros en secreto.

Que Eduardo IV estuviera fascinado con Isabel no quiere decir que le fuera fiel. Tenía cientos de amantes que luego cedía a sus amigos cuando se cansaba de ellas. Hubo una que consiguió que el rey se enamorara de verdad: Jane Shore. Eduardo cenaba y dormía con ella todas las noches y Jane estuvo a su lado hasta el final. ¿Qué pensaba Isabel Woodville de eso? No le hacía gracia, pero hacía lo que se esperaba de una reina: mirar hacia otro lado.

Jane Shore es la mujer que fue condenada por lascivia años más tarde, por órdenes de Ricardo III Su penitencia inspiró el famoso camino de la vergüenza de Cersei Lannister en Juego de Tronos.  

 

 

Eduardo IV murió de neumonía en abril de 1483. En los últimos años, su físico atlético se había deteriorado por culpa de la afición del rey a comer y beber en exceso. Su muerte pilló a todo el mundo por sorpresa, sobre todo a su reina, que no podía imaginar hasta qué punto su vida se iba a ir al traste.

Eduardo tardó varios días en morir y aprovechó sus últimas horas para dejarlo todo bien atado. Sabía que la ambición de la familia Woodville era excesiva y que era necesario quitarles el poder que él mismo les había dado. Su última decisión fue relegar a su hermano Ricardo la tutela de su hijo y heredero, el príncipe Eduardo.

La reina envió a sus hermanos a que fueran a buscar a su hijo a Gales, pero Ricardo fue más rápido y sorprendió al príncipe a mitad de camino.

 

 

Isabel, temiendo lo peor, volvió a acogerse a sagrado. Se llevó a sus cinco hijas y a su otro príncipe de ocho años, el segundo varón que había tenido con el Eduardo IV.

Ricardo decidió usurpar el trono. Para hacerlo, necesitaba tener en custodia a los dos hijos varones de su hermano. Envió a sus mensajeros a hablar con Isabel para que le entregara al otro niño. La reina, viéndose acorralada, cedió. Sus hijos fueron encerrados en la Torre de Londres y nunca más volvieron a ser vistos con vida. Se les conoce como The Princes in the Tower.

Para convertirse en rey, Ricardo, aparte de asesinar a sus sobrinos, necesitaba un pretexto legal. La excusa fue inventarse que su hermano Eduardo ya estaba casado con otra cuando conoció a la reina, por lo que su matrimonio con Isabel Woodville no era legal. Con esa jugada, no solo consiguió el trono, sino confiscar todas las propiedades de su cuñada. Ahora, Isabel era más pobre incluso que antes de convertirse en reina de Inglaterra. 

 

 

Para sobrevivir, Isabel Woodville se alió con Margaret Beaufort, la madre del nuevo pretendiente al trono, Enrique Tudor. Para muchos, la ascensión al trono de Ricardo III no era válida. La auténtica reina por derecho propio era la princesa Isabel de York, la hija de Isabel Woodville. Si se casaba con ella, la ascensión de Enrique Tudor sería perfecta.

Las dos mujeres acordaron el matrimonio de sus hijos y Enrique Tudor se preparó para volver a Inglaterra del exilio y derrocar a Ricardo.

Cuando los Tudor asesinaron a Ricardo en la batalla de Bosworth en 1485, La Guerra de las dos Rosas terminó. La hija de Isabel Woodville pasó a ser reina consorte de Inglaterra. ¿Significaba eso que Isabel volvía al poder? No. Enrique Tudor nunca se fio de su suegra. En cuanto pudo, la envió a un convento con una pensión miserable. Como a veces el dinero tardaba en llegar, la reina tenía que escribir humillantes cartas reclamándolo.

 

 

Isabel Woodville murió en 1492, a los 55 años. Su testamento demuestra que no tenía nada de valor. Dejó a sus hijas “algunos objetos” y su bendición. Para su funeral, se utilizaron velas de segunda mano. Su ataúd era de tan mala calidad que estaba completamente deshecho cuando lo desenterraron siglos después.

La desgracia de lo ocurrido demuestra que Eduardo IV cometió un error al casarse con una plebeya. Si se hubiera casado con una princesa, su hermano Ricardo nunca se hubiera atrevido a usurpar el trono.

 

 

El cine nunca ha sido benévolo ni con el carácter ni con el físico de Isabel Woodville. Siempre la han mostrado como una mujer agria y entrada en años, cuando solo había cinco años de diferencia con el rey Eduardo. 

Quizá por eso La Reina Blanca ha gustado tanto al público. Era necesario mostrar su historia de amor con el rey con un poco de pasión, porque es lógico que la hubiera habido. Eduardo perdió la cabeza completamente por ella, hasta el punto que lo arriesgó todo por ese matrimonio. Eso lo pudo haber hecho por amor verdadero.

11 Comments
  1. Que interesante, me encantan estos culebrones de la realeza. Me apunto la serie 🙂

  2. ¡Me ha gustado mucho este post! Me encantan la historia de la monarquía europea y ver series / leer libros que nos ayuden a entenderla mejor. Así que he visto la serie de la que nos hablas hoy y también “The hollow crown”, que está basada en las novelas de Shakespeare sobre la guerra entre los york y los lancaster para hacerse con el poder (después siempre me ayudaba de la wikipedia para no perderme entre tanto rey y cortesano jaja).

  3. a mi me apasionan las historias de los plantagenet mil veces mas que la de cualquiera de los tudor y las mujeres de enrique viii
    y totalmente de acuerdo, el cine y las series son injustos con isabel, en the hollow crown la sacan bien entradita en años desde el primer dia.
    por cierto en the hollow crown efectivamente lleva el velo blanco de viuda que mencionas
    y me sorprende que en veinte años como reina solo se hiciera un retrato

  4. Muy buen artículo, Daiquiri. A mi también me gusta leer cosas de la realeza. Me he abonado a una revista francesa, Point de Vue, que trata sobre las familias reales de todo el mundo. De vez en cuando añaden un suplemento de Historia, que resulta ser muy, muy interesante!
    Buen fin de semana, chicas!

  5. Si, estos post molan mucho. Y me gustan mucho las fotos y gifs que sube Daiquiri, el actor es de los Pilares de la Tierra?
    Yo estoy enganchada a Netflix, con The Last Kingdom y The Crown.
    Daiquiri, has visto Da Vinci’s Demons? No es una serie que sea buenisima pero si entretenida, pero te lo digo sobre todo por la actriz, Laura Haddock, que es guapisima y en esa serie sale absolutamente espectacular, interpreta a Lucrezia, amante de Leonardo Da Vinci y un Medici.
    Súper recomendable verla tan bellisima en la serie!

    1. Es Max Irons, el hijo de Jeremy Irons. Sale macizo macizo en la serie jaja.

  6. Adoro estas historias!, y finalmente son la vida misma, se puede sacar mucho mirando para atrás y entendiendo el juego de la vida de las familias poderosas. Y cómo siempre por muchos apellidos y tierras el atractivo humano rompe los esquemas.

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