Ana Bolena, la Reina Sin Cabeza

Ana Bolena, la Reina Sin Cabeza

Gracias a los libros de Philippa Gregory y a series como Los Tudor, el publico siente mucha fascinación hacia Ana Bolena. Ella fue la segunda esposa Enrique VIII.

Ana solo fue reina durante tres años. Tras su muerte, el rey nunca volvió a mencionarla. Pero haber sido la causa de la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica, su decapitación por incesto y la fama de su hija, la gran Isabel I, han logrado que sea uno de los personajes más importantes de la historia.

Su historia de amor con final trágico nunca pasará de moda. ¿Pero quién fue realmente Ana Bolena? ¿La coqueta despiadada que terminó obteniendo su merecido o una mujer ambiciosa a la que la situación se le fue completamente de las manos?

Ana Bolena nació en 1501. Su padre era un diplomático que se encargó de que sus hijas fueran contratadas como damas de compañía en las mejores cortes de Europa. Era la mejor manera de refinarse y hacer contactos.

En 1514, Ana y su hermana María viajaron a París para atender a la reina Claudia de Francia. Una vez allí, las hermanas emplearon el tiempo libre en ocupaciones distintas. Mientras María se metía en la cama del rey, Ana aprovechaba para observar y aprender. Eso hizo que regresara a Inglaterra como una jovencita extremadamente elegante, con un acento y unos modales franceses que más tarde se convertirían en su sello. 

Años después, Enrique VIII se enteró de que fue en Francia donde Ana Bolena tuvo sus primeras experiencias sexuales. Solo que a diferencia de María, fue lo bastante inteligente como para que no se enterara nadie.

En 1522, las hermanas Bolena empezaron a servir a Catalina de Aragón, la esposa española de Enrique VIII.

Para no perder la costumbre, María se convirtió en amante del monarca mientras Ana buscaba marido por su cuenta. Por fin, en 1526, Enrique se fijó en ella de verdad. Ana, viendo cómo su hermana no había logrado gran cosa como amante real, se resistió al cortejo, aumentando con ello el deseo del rey, claro.

Los archivos describen a Ana Bolena como una mujer atractiva, más que hermosa. Era de piel cetrina y tenía un cabello largo y castaño que adornaba con tocados con forma de media luna. Era una pieza francesa que insistía en llevar en lugar de los tocados con forma de caperuza que la reina Catalina había impuesto.

Todos coincidían en que la mayor belleza de Ana Bolena eran sus ojos oscuros: brillantes y un poco saltones. Sabía bien cómo utilizarlos para llamar la atención de los hombres.

Catalina de Aragón, a los cuarenta años y después de varios abortos y solo una hija -la que luego sería María la sanguinaria-, ya no iba a poder darle a su marido el heredero varón que llevaba décadas esperando. Sin un hijo, la dinastía Tudor acabaría. Ana Bolena le hizo una promesa: si se casaba con ella y la convertía en su reina, le daría un príncipe. Enrique VIII empezó las gestiones para deshacerse de Catalina de Aragón, pero, para sorpresa del rey y de su querida, la reina luchó con uñas y dientes para defender sus derechos.

El Papa le dio la razón: ni siquiera un rey podía librarse de una esposa impecable después de veinte años de matrimonio. Hasta que la muerte nos separe, dice la religión. Dio comienzo un periodo muy tenso que duraría más de seis años y en los que el rey se mantuvo firme: quería que Ana Bolena fuese su reina. Todo terminó con la ruptura definitiva entre Inglaterra y la Iglesia Católica.

Enrique VIII y su Segunda Esposa, Ana Bolena
Los Gastos en Vestidos de Ana Bolena

Ana Bolena era una mujer de gustos caros que disfrutaba de la vida en todo su esplendor. El rey la instaló en los mejores aposentos de palacio, lucia joyas y ropas dignas de una reina y tenía sus propias damas de compañía. Los archivos financieros entre 1529 y 1533 reflejan un gran coste en vestidos de mujer, pieles de armiño, capas suntuosas y telas con bordados de oro.

Después de proclamarse cabeza de la Iglesia de Inglaterra, Enrique VIII se casó con Ana en enero de 1533. Su nueva esposa fue coronada unos meses después, y para que nadie dudara de la validez de la ceremonia, Enrique ordenó que Ana fuera coronada con la corona de San Eduardo, que se reservaba solo para los reyes por derecho propio.

Ana ya estaba embarazada. Toda Inglaterra daba por hecho de que se trataría del ansiado varón. Pero el 7 septiembre de 1533, nació una simple niña. Dicen que para entonces, Enrique ya empezaba a estar harto de su esposa.

Ana Bolena y Enrique VIII

Entre 1533 y 1536, Ana Bolena tuvo una triste y extraña sucesión de abortos espontáneos, igual que su predecesora, lo que hace pensar que la reina tenía el factor Rh- en la sangre. Eso significaba que su cuerpo siempre rechazaría los fetos que fueran Rh+.

A finales de 1535, Enrique VIII se encaprichó de una de las damas de la reina, Jane Seymour. Al igual que Catalina de Aragón antes, Ana Bolena tuvo que presenciar cómo su marido cortejaba a otra mujer y se enamoraba de ella. Hay constancia de los empujones, bofetadas y arañazos que la reina propinaba a Jane Seymour, que no se amedrentó y aumentó el deseo del rey al igual que Ana hizo en su momento: rechazándole y haciéndose la difícil.

Tras el último aborto de Ana Bolena en enero de 1536, Enrique VIII tomó la decisión que selló el destino de la reina: quería anular su matrimonio. Pero no deseaba otra batalla judicial como la que había tenido con Catalina de Aragón. Ana, necesariamente, tenía que morir.

Ana Bolena Decapitación


Mientras Enrique VIII y sus asesores preparaban su plan secreto para acabar con ella, Ana Bolena iba quedándose cada vez más sola. La corte, consciente de que estaba de capa caída, apenas le hacía caso. Solo unas pocas damas la atendían. En una jugada maestra, Jane Seymour dejó de llevar el tocado francés y volvió a ponerse las caperuzas de toda la vida. En cuestión de días, todas las damas de la corte la imitaron. El mensaje estaba claro. Ana ya no estaba de moda.

Jane Seymour y Ana Bolena
Jane Seymour

En mayo de 1535, Ana Bolena fue arrestada por incesto, brujería y traición. Para dar forma a las acusaciones, los hombres de Enrique VIII utilizaron hechos tergiversados y exagerados, además de testimonios maliciosos de damas que la odiaban y estaban deseando vengarse de ella.

Aunque el rey ya no quería saber nada de ella, tuvo una última consideración: sería decapitada con una espada, un método más limpio y rápido que el hacha tradicional inglesa.

El último retrato de Ana Bolena se pintó apenas unas semanas antes de su detención. Es cuando los observadores la describieron como “una vieja flaca” y una mujer “feísima”. Lo cierto es que, con apenas treinta y cinco años, la reina parecía mayor y cansada.

Ana Bolena Retrato

Mientras Ana lloraba se preparaba para morir en la Torre, Enrique empezó a planear su boda con Jane Seymour. 

El 19 de mayo de 1536, Ana Bolena se despertó y se puso su último atuendo: un vestido gris oscuro, unas enaguas rojas y una gruesa capa de armiño que había pertenecido a Catalina de Aragón. Un pequeño homenaje a la mujer a la que tanto había hecho sufrir.

Su entereza sorprendió incluso a sus enemigos, que habían ido a ver cómo moría. Pronunció un discurso en el que dejó clara su inocencia al mismo tiempo que decía buenas palabras hacia el rey, y se arrodilló mientras rezaba su ultima oración. “Todo sucedió muy rápido”, escribió un testigo después. El reinado de Ana Bolena duró mil días.

El cuerpo de Ana fue introducido en un baúl viejo y enterrado en una capilla cualquiera. En 1876, la reina Victoria ordenó su exhumación para que tuviera un entierro digno y una tumba con su nombre. Lo que merecía una mujer de su condición.

Los huesos confirmaron que se trataba de una mujer de unos treinta y cinco años, de rostro ovalado, mentón cuadrado, dedos afilados, pies pequeños y cuello delgado.

Cada 19 de mayo, alguien sin identificar ordena que se deposite un ramo de flores sobre su tumba.

La Tumba de Ana Bolena

Aunque la gente siga pensando que fue su gran amor, Enrique VIII nunca más volvió a hablar de Ana Bolena. Cuando el rey murió, pidió ser enterrado junto a Jane Seymour, que al final murió de parto un año después que Ana, en 1537. 

Enrique VII nunca llegó a ver cómo el tiempo demostraba que su matrimonio con Ana había sido la mejor decisión de su vida. En 1558, la hija que Ana le había dado, Isabel, se convirtió en una de las monarcas más famosas de la historia, incluso por encima de su padre.

Ahora, además, Ana Bolena es considerada por unanimidad como la reina consorte más importante que Inglaterra ha tenido jamás. 

One Comment
  1. Ya habia leido algun libro sobre ella y me resultaron fascinantes. Me encantan estas entradas sobre mujeres especiales y trucos de belleza de otras epocas! Son super interesantes y entretenidas…Se me ocurre alguna entrada que muestre la evolucion del concepto de belleza y cuidados en la mujer a lo largo del siglo XX seria muy interesante y seguro q aprendiamos mucho! Investigando sobre este tema yo por ejemplo descubri el peinado de la toga (una maravilla para alisar el pelo sin calor)

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