El Síndrome de la Nueva Guapa

El Síndrome de la Nueva Guapa

He recibido un mensaje de una de mis lectoras por Facebook. Me pide que escriba sobre la importancia de aceptar nuestra propia imagen. Me recomendaba leer la carta “querida chica del bañador verde”, un mensaje para una chica desconocida que la autora había visto en la playa.

La chica del bañador verde era una muchacha de unos dieciséis años que estaba pasándoselo bien con sus amigos, pero que no se sentía muy cómoda con su cuerpo. Se tapaba el vientre con las manos y usaba sus brazos como pareo anti-celulitis.

La escritora dijo algo que me pareció una gran verdad: “Hay una cosa que parece que compartimos todos: cuando vemos las fotos de época en los que no nos gustábamos, no podemos entender la razón”. ¡Qué frase más cierta!

 

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Volvamos al mensaje de mi lectora. Soy consciente de que mi blog habla de la belleza desde una perspectiva políticamente incorrecta. No tengo reparos en recomendar la cirugía. Menciono la importancia de estar guapa y sacarse partido para ganar puntos en bienestar, calidad de vida y confianza.

Doy por hecho que mis lectoras son lo suficientemente sensatas como para saber qué es lo que pueden mejorar de su físico y lo que no. Lo digo en el blog y lo dije en mi libro: hay cosas de nuestro físico que no solo no podemos cambiar, sino que no hace ninguna falta que las cambiemos. Si una mujer tiene las piernas cortas, ¿qué puede hacer? Teniendo en cuenta que solo va a tener una vida, ¿por qué pasarla amargándose por algo que no tiene remedio?

El texto de la chica del bañador verde me ha hecho pensar en un caso cercano que conocí, y del que paso a hablaros a continuación. Yo lo llamo el síndrome de la nueva guapa. 

 

 

Yo tenía una amiga que era una chica del bañador verde, con la diferencia de que ella miraba al mundo con aplomo y seguridad. Solo tenía quince años, pero le sobraban veinte quilos.

Era la líder del grupo, se ponía bikinis tan pequeños como sus amigas delgadas y siempre miraba al frente. No recuerdo que nadie le dijera, ni una sola vez, nada relacionado con su peso. La gente sabía que era difícil atacarla por ahí y sus enemigos ni se molestaban en intentarlo. Su madre era una mujer encantadora que estaba desesperada con el sobrepeso de la hija y que era muy criticada por otras madres por “dejar que la niña estuviera así”.

Llegué a pensar que el exceso de peso de mi amiga no le importaba en absoluto, hasta que un día desapareció y volvimos a verla unos meses después… con una talla 38. Estaba espectacular. Solo entonces nos confesó lo mucho que había sufrido por culpa de su sobrepeso. Nos dijo algo que se me quedó grabado: “estaba así porque me daba la gana”. Cada noche, antes de dormir, se ponía morada. Cereales en bowls gigantes, tabletas de chocolate, bocadillos de bacon…

 

 

Al adelgazar, empezó a cambiar también de carácter. Ya no era tan espontánea ni tan divertida. Era demasiado consciente de su belleza, porque siempre había tenido una cara muy bonita, y ahora que había perdido tanto peso, podía lucirse más. Empezó a poner morritos mientras hablaba; ya sabéis, el gesto ése tan feo de sacar los labios hacia afuera, que hacen muchas chicas  y que se creen que los demás no notan. Perdió naturalidad y era cada día más ridícula.

En lugar de sentirse feliz por su pérdida de peso -y olvidarse del tema-, se convirtió en una chica insoportable y competitiva. Quería acaparar toda la atención masculina. No soportaba que llegaran chicas guapas a la pandilla. Cuando a alguna del grupo le gustaba un chico, hacía todo lo posible para ligárselo. Empezó a ser una mala compañía y alguien a quien evitar.

No se dio cuenta de lo que más importante que tiene una mujer es la simpatía, la gracia y la educación. Como dice Lucía Etxebarría, la belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo. Y mi amiga había perdido la gracia. 

 

 

Ese es un fallo común entre algunas de estas nuevas guapas. Hay mujeres que aprovechan una pérdida de peso radical, un cambio de estilismo o el buen resultado de varias cirugías para comerse el mundo.

Al igual que las nuevas ricas, que se compran un bolso de Versace de lentejuelas, las nuevas guapas se pasean por el mundo con los andares de Monica Bellucci. Esto también se aplica a las que se operan y pasan de ser normales a ser impresionantes; Instagram es un buen ejemplo. No hay más que meterse en la cuenta de cualquiera de esas chicas. Los selfies con una sonrisa enorme y dulce van quedando atrás. Ahora solo vemos poses estudiadas con ojos de gata. Está demostrado que las muecas, los labios de pato y demás caras extrañas son signos de inseguridad ante una cámara. Cuando los veáis en el 99% de las fotos de una mujer, ya sabéis a qué se deben.

 

 

El cine también nos ha dado otro ejemplo de nueva guapa que termina cargándose su personalidad. En la peli para adolescentes de los 90 Jóvenes y Brujas, una de las cuatro chicas, Bonnie, sufre una extraña enfermedad de la piel. Bonnie es cariñosa, dulce y agradable. Cuando gracias a los hechizos se cura, Bonnie cambia por completo. Antes se tapaba todo el tiempo con chaquetones y jerseys de cuello alto, y luego pasó a lucir escotes y camisetas de manga corta. Hasta ahí, bien.

El problema viene cuando Bonnie se vuelve cada vez más y más arrogante, descarada y engreída, hasta que la bruja buena del cuarteto, Sarah, le dice que ya no se siente a gusto con ella.

 

 

La italiana Cristina Buccino también es el ejemplo estrella de una nueva guapa. Antes era una chica atractiva sin más, hasta que se operó y pasó a ser una mujer impresionante. Ella parece ser perfectamente consciente; tanto, que se pasa intentando ser seductora. Ya no es capaz de hablar sin arquear las cejas con sensualidad, y su mirada es tan penetrante, profunda y sexual que podría dar clases a actrices porno principiantes. Es tan consciente de su belleza que se pasa el día con cara de estar a punto de tener un orgasmo. ¿Acaso eso sirve de algo?

¡Cuidado con el síndrome de la nueva guapa, es pésimo para las relaciones personales y sentimentales!

 

6 Comments
  1. Estos son los tipos de post que mas me gustan de tu blog.
    Es una pena, pero por lo que veo hay que trabajar la autoestima con psicólogos al mismo tiempo que nos hacemos esos pequeños retoques.
    Estas chicas de las que hablas cambiarona nivel físico pero seguían teniendo una enorme inseguridad.

  2. Hola Daiquiri. Esta entrada me parece muy especial porque creo que abre espacio a ahondar en algunas cosas relacionadas con el tema seguridad, y lo que implica convertirse en el pibón que todas queremos ser. Todos tus consejos son increibles, y creo que somos muchas las que descubrimos cosas contigo cada día. Pero sería interesante hablar de aspectos a tener en cuenta cuando nos encontramos en situaciones que nos alejan de la meta de ser un pibón, y cuando estamos más cerca de ser tu amiga la gordita que el angel de VS: cómo manejar la ansiedad con la comida, los atracones, o incluso qué hacer con una piel que está castigada por los efectos de las dietas yoyo: celulitis, flacidez, estrias…. Estoy segura que a muchas nos encantaria leer tambien sobre esto, y más de tu mano. Un saludo y buen finde!

  3. Venir de la oficina super estresada, ponerse comoda y leer tu blog con una onza de chocolate negro (pecadillo de mis viernes) es una autentica terapia anti estres!!!! Te recomiendo a todas mis amigas!
    Respecto a este tema, yo fui una chica del bañador verde y para comprender porque cambia tanto la personalidad despues, hay que vivirlo…a mi me paso justo al contrario, pase de estar siempre escondiendome, amargada y evitando el relacionarme a descubrir mi verdadera personalidad. Empece a adelgazar a cuidar cada punto de mi fisico y a quererme mucho…empece mi operacion pibon!!! Y ahora se que siempre fui alegre y extrovertida solo que mis complejos no dejaban q saliese al exterior mi verdadero yo ?

  4. Es maravilloso contar con ventanas como esta para hablar de algo tan vital en la vida de las mujeres, nuestra Psique esta ligada de una forma innegociable a nuestra auto-imagen, y de ahí todo desequilibrio afecta brutalmente nuestra personalidad, mil gracias como siempre digo por escribir cómo escribes y sobre lo que escribes.

  5. Muy interesante esa perspectiva sobre los cambios físicos.

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