Cómo Evitar que nos Vendan Productos en la Peluquería

Cómo Evitar que nos Vendan Productos en la Peluquería

No hay nada peor que un peluquero o una peluquera intentando vendernos un producto de su local. Es una situación muy incómoda que nos hace pasar un mal rato. ¿Cómo evitarlo?

Hace cinco años fui a una peluquería muy exclusiva de Barcelona; necesitaba un peinado espectacular para una ocasión especial. Solía atenderme un peluquero, pero justo ese día no estaba. El propio dueño de la súper peluquería fue el encargado de ocuparse de mi cabecita. Es una pelu que siempre sale en las revistas de moda y a la que se supone que van todas las famosas, así que pensé que ser atendida por el propio jefe iba a ser algo espectacular.

Pues no.

No llevaba ni quince minutos minutos con él cuando empezó a hablarme de las maravillas de la mascarilla que me estaba aplicando. Al principio, me pareció interesante lo que me estaba contando, porque el producto tenía una formulación muy particular. Pasado un rato, me di cuenta de que en realidad me estaba intentando vender la mascarilla. A ver, he ido a que me peinen, ¿por qué tengo que aguantar que me engatusen para que me lleve algo que no quiero y no necesito?

 

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Activé el protocolo anti-ventas en peluquería, resultado de muchos años de práctica. Consiste en ir respondiendo con monosílabos y murmullos a los comentarios de “es una pasada”, “es justo lo que necesitas”, “¿has visto qué maravilla”. Cuando vi que el peluquero no se daba por aludido, dejé de responder. Pasara lo que pasara, no me iba a llevar la mascarilla. Porque el desenlace suele ser ese: las clientas se agobian tanto que terminan comprando lo que sea, para que las dejen en paz.

¿Significa eso que yo estaba la mar de relajada mientras el peluquero seguía con sus modales de vendedor de zoco marroquí? No, por supuesto que no. Estaba abochornada y muy incómoda. Que te quieran vender cosas en la peluquería no es como estar en una tienda: no puedes irte sin más. Tienes que aguantar la hora que te queda con cara de póker, mientras dices “sí, tiene una pinta genial”.

Lo más importante a la hora de afrontar este problema es tener clara una cosa: nunca hay que hacer nada que no queramos hacer. Cuando vemos que nos quieren vender el champú, la mascarilla, o peor aún, la gama entera de productos, solo tenemos que preguntarnos: ¿LO QUIERES? A partir de ahí, solo hay dos respuestas: sí o no.

Las respuestas “no lo quiero, pero sé que me iría bien, el peluquero tiene razón, debería comprarlo, no tengo buenos productos en casa…” tampoco valen. Cualquier respuesta que incluya un NO tiene que ser suficiente para que nos neguemos a comprar nada. ¿Quieres realmente ese producto? ¿No? ¿Entonces?

 

 

Un buen peluquero siempre se va a preocupar por los productos que tenemos en casa. Ninguno quiere que usemos una mascarilla de Fructis de 3 euros. Ellos saben, como profesionales que son, que invertir en buenos artículos capilares es imprescindible para tener una melena bonita y saludable. Pero ningún buen peluquero insiste para que la clienta se lleve las cosas que vende en el salón. Se nota perfectamente cuando un peluquero recomienda un producto porque cree en él y sabe que es necesario, y cuando lo hace porque quiere llevarse una comisión.

Voy a explicaros lo que pasó la única vez en mi vida que he comprado un producto en una peluquería. Fue en la peluquería brasileña donde me hago el alisado de keratina. Mientras me lavaban el pelo, noté un aroma tan delicioso y especial que pregunté “¿qué eso?”. La respuesta del peluquero fue: “es un sérum suavizante que utilizamos como mascarilla, es muy bueno”. Fin. Punto y final. No dijo nada más.

Luego, a medida que me iba secando el cabello, no podía dejar de pensar en lo bien que olía ese sérum, y en lo suave que dejaba el pelo. Recuerdo que murmuré: “creo que me voy a llevar este sérum”. Y él respondió “sí, deberías, te va a ir súper bien”.

Yo sola me fijé en el producto, yo sola me interesé por él, y yo sola decidí llevármelo.

 

 

Cuando os encontréis en esta situación, recordad que sois vosotras quienes tenéis que velar por vuestra economía, y sois vosotras las responsables de no permitir que nadie os tome el pelo. Ceder ante un intento de venta que no os convence no solo es malo para el bolsillo. Porque luego, cuando lleguéis a casa y os encontréis con esos artículos que en realidad no queríais, os sentiréis defraudadas con vosotras mismas. No podréis echarle la culpa al peluquero: él pensó en su bolsillo. Fuisteis vosotras las que no pensasteis en el vuestro.

Por supuesto, a la hora de decir que no, nunca hay que faltarle el respeto a nadie ni ser desagradable. Esos peluqueros, por mucha cara dura que tengan, no son malas personas: solo buscan su comisión. Es muy probable que muchas clientas hayan cedido. Es normal seguir intentando lo que ya les ha funcionado una vez. En mi caso, repetir varias veces “no me lo voy a llevar” con una sonrisa, es suficiente. Nunca contestéis a los argumentos con un “ahora no llevo suficiente dinero”, o “ya tengo productos en casa”. Eso da pie a entrar en discusiones. Cuanto antes se acabe el debate, mejor. Es decir:

-Pero necesitas esta mascarilla, porque tienes el pelo muy mal, necesitas hidratación.

-Sí, pero no me la voy a llevar.

-Pero si es genial, te va a ir súper bien. ¡Mira las puntas! ¡Mira cómo brillan!

-Lo siento, no me la voy a llevar.

-Te la rebajo al 10%…

-No, no me la voy a llevar.

 

 

Si os preguntáis si la conversación con el peluquero terminó así… sí.

Por desgracia, cuanto más joven seas o aparentes ser, más probabilidades hay de que te tomen por el pito del sereno. Pero de vosotras depende el desenlace final 😉

2 Comments
  1. Tienes razón ! Es muy violento cuando te intentan colar algún producto en la peluquería, pero como en la vida en general hay que aprender a decir que no.
    Otra cosa, me encantó tu libro !!! Súper facil de leer y con buenas ideas.
    Bss

  2. Excelente tema, yo he salido cargada de cosas que luego regalé. Por inseguridad, miedo a quedar mal y otros sentimientos. Somo muy vulnerables como género y es muy importante empoderarnos en estas situaciones. Muchas gracias por el post.

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