Así Es Ahora Crystal Hefner

Así Es Ahora Crystal Hefner

Crystal Hefner es la tercera y última esposa del magnate Hugh Hefner. Después de unos años de silencio y de guardar luto por la muerte de su marido en 2017, ha decidido contar su historia.

Sus memorias se titulan Only Say Good Things (di solo cosas buenas). Es la promesa que Hugh Hefner le arrancó antes de morir. El playboy intuía que el viento que tan favorablemente había soplado para él empezaba a ir en otra dirección, aunque aún faltaban unas semanas para que empezara el movimiento Me Too. Quizá sabía que tras su muerte la gente dejaría de romantizar su vida; de galán a pervertido, o de amante de las mujeres a misógino. Le preocupaba su legado y quería que Crystal, la esposa a la que le sacaba sesenta años, hablara solo bien de él. Después de un tiempo callada y yendo a terapia, Crystal tuvo que aceptar la realidad: su relación había sido disfuncional y abusiva y no decía nada bueno de su amor propio, ni de su dignidad. Tenía que curarse. Para curarse, tenía que contar la verdad. Y para contar la verdad, debía romper la promesa.

El libro es triste y explícito, pero sincero, muy superior a las memorias de otras conejitas y novias de Hugh Hefner. ¿Cuál es la historia de Crystal Hefner?



Crystal Harris nació en 1986 en Arizona. Perdió a su padre cuando tenía doce años. Se fue de casa a los diecisiete con un novio una década mayor y empezó a trabajar como modelo y azafata, repartiendo llaveros y camisetas en estadios deportivos y bares. Para tener más éxito, se operó el pecho. A los 21 años, sin interés por los estudios ni vocación, viviendo en un apartamentucho en San Diego, Crystal ya estaba convencida de que la vida no tenía nada bueno que ofrecerle. Por eso, conseguir una invitación para la fiesta de Halloween de la Mansión Playboy le pareció lo más emocionante que le había pasado nunca. Y alucinó más aún cuando Hugh Hefner se fijó en ella y la invitó a pasar la noche con él y con sus dos novias, dos mellizas de diecinueve años. Hugh tenía ochenta y uno.

Crystal no se anda con remilgos: describe con detalle cómo fue el ritual del sexo en grupo, que empezaba con todo el mundo poniéndose unos batines de seda “hechos a mano en Italia” que luego resultó que Hugh Hefner compraba en una tienda barata de Los Ángeles. Una advertencia de la vida que le esperaba: una farsa.

La modelo se quedó fascinada con la opulencia de la mansión y con el hombre que era un mito para todos los estadounidenses. Cuando volvió a casa, su vida le pareció más deprimente que nunca, y sus trabajos como modelo y los hombres que tenía que aguantar en ellos, espeluznantes. Al menos, en la Mansión Playboy parecía que el mundo estaba lleno de posibilidades. ¿Y si salía en la revista? ¿Y si se convertía en una de las novias de Hugh Hefner?

Cuando Hef volvió a llamarla, esta vez, Crystal tenía un plan: convertirse en imprescindible para él. Estaba dispuesta a hacer lo que hiciera falta para quedarse en la casa. Reconoce que para ella, Hugh Hefner era su clavo ardiendo. Que no le quitaba ojo a las recién llegadas y que, en lugar de desaparecer durante el día, como hacían las demás chicas, se quedaba en casa con él, ganando terreno. La estrategia funcionó y en unos pocos meses, Crystal ya era la novia número uno, dormía en el mejor dormitorio (después del de Hef) y pasó a formar parte del reality show sobre la vida de las chicas en la mansión, Girls Next Door.



Crystal se enteró de que había reglas estrictas respecto a la apariencia. Aunque mujeres como Kimberly Conrad o Barbi Benton fueran ya cosa del pasado, cada nueva novia formaba parte de la mitología de Playboy. Las chicas tenían room service las 24 horas, pero no podían engordar. El cabello tenía que ser rubio platino, sin raíces ni pigmentos amarillos. La laca de uñas, rosa pero ni muy brillante ni mate. Maquillaje completo, pero nada de labiales intensos. Al verse en el reality, Crystal empezó a ser consciente de sus defectos, reales o imaginarios. En particular, le obsesionaba su nariz. Creía que era un obstáculo para su futuro, así que decidió operársela a cuenta de la casa. También aprovechó para arreglarse los pechos, porque los implantes anteriores no eran buenos y se estaba formado tejido cicatricial alrededor, y para hacerse una liposucción en las caderas y la espalda.

Con el tiempo, se arrepintió de todas las cirugías, pero las consecuencias a corto plazo fueron satisfactorias: Crystal consiguió ser Miss Diciembre 2009 y poco después, Hugh Hefner le pidió que se casara con él. Pero a pesar de todo, Crystal no era feliz: la vida en la mansión empezaba a parecerle deprimente y tenía la sensación de que su novio le estaba tomando el pelo, cuando se suponía que debía ser al revés.



Gracias a las memorias de Holly Madison, una ex novia de Hugh, ya sabíamos que las reglas tenían como objetivo controlar a las chicas y destruir su espíritu. Crystal también tenía que respetar el espantoso toque de queda de las seis y media de la tarde, y se quería morir cada vez que había una fiesta y tenía que fingir que se lo estaba pasando en grande para que su marido y sus decrépitos amigos estuvieran contentos. ¡Sonreíd, chicas! “Era una introvertida llevando la vida de una extrovertida”, recuerda. Como no tenía forma de recargar las pilas, pues todos los días había algo (noche de pelis, noche de cartas, fiesta en la piscina, tardes de hula hoop en bikini) empezó a tener ataques de pánico.

La “paga” que recibía era de 1000 dólares a la semana. La peluquería y las manicuras se consideraban gastos de empresa, lo mismo que la comida, pero eso era todo. Las chicas no podían trabajar. Hacía años que Hugh Hefner se había cansado de regalar coches de lujo, bolsos de marca y portadas de Playboy a sus parejas. ¿Para qué gastar dinero, si las chicas están tan desesperadas por cambiar de vida y triunfar que se conforman con lo que sea?

Hef era un hombre de negocios, al fin y al cabo, duro e implacable. Hizo uno especialmente bueno con Girls Next Door: mientras él facturaba millones, las chicas no cobraban nada. Si no les parecía bien, había una larga cola de aspirantes a conejita esperando a cubrir el puesto.

Era una especie de círculo vicioso. Sin portadas, dinero y con un Hugh Hefner cada vez más viejo, ¿qué sentido tenía estar allí? Las mujeres de bandera como las de antes no iban a aguantar eso. Y las que sí, eran chicas desarraigadas y con la autoestima por los suelos.



¿Merecía la pena casarse con un anciano? En la universidad, Crystal había aprendido lo que se conoce como falacia del costo irrecuperable. Es el razonamiento que llega después de una mala inversión, financiera o mental. Se ha llegado demasiado lejos como para parar y aceptar la pérdida de todo lo gastado. Esto les pasa a los que apuestan en el casino, a los brokers que han hecho un mal negocio, a los que se apuntan al gimnasio y luego nunca van, y al parecer, a las conejitas Playboy. Cuando Crystal se enteró de que Playboy iba a facturar 800.000 dólares por dejar que grabaran la boda y que a ella solo le iban a pagar 2.500, no pudo contener su rabia y dejó a Hugh Hefner plantado en el altar.

La no-boda fue muy polémica y Crystal pensó que podría sobrevivir sin Playboy. Pero pronto, el interés de los medios fue decayendo y la modelo se vio, otra vez, con una mano delante y otra detrás. Decidió volver y la boda se celebró. El contrato prenupcial era tan injusto para Crystal que le costó encontrar a un abogado que la representara en la firma. La novia solo quería una cosa: que el vestido fuera rosa. Quería dejar el blanco para su boda de verdad, la que soñaba con tener algún día, con un hombre al que quisiera.



Como esposa, Crystal al menos consiguió que la empresa Playboy pagara sus gastos mensuales, y con lo que iba ahorrando haciendo de DJ y promocionando té adelgazante en Instagram, se compró un apartamento que reformó para alquilar, y así se fue preparando para el futuro. Desaparecieron las otras novias, así que se libró de la asquerosa competencia de la mansión, aunque quizá tuvo algo que ver la edad de Hugh, que con casi 90 años ya no podía con su alma.

En 2014, parece que Crystal empezó a prepararse para la muerte de Hugh Hefner, y para la suya, la de la Crystal que sabía que pronto dejaría de ser. Congeló sus óvulos, dejó de teñirse el pelo y se quitó los implantes de pecho. También decidió hacer inventario de los regalos que enviaban a la mansión, porque descubrió que el personal se los quedaba o los vendía. Fue en una de esas gestiones cuando encontró una caja llena de Polaroids asquerosas tomadas en el asiento trasero de la limusina de Hef. Allí había cientos de fotos explícitas, tomadas demasiado deprisa para que nadie pudiera protestar. Crystal lo sabía porque a ella también le había hecho una. Había Polaroids de famosas, de mujeres que nadie podía imaginar, de ex mujeres, de ex novias, de Holly, de las gemelas, de ella misma. Las rompió todas en pedazos.



Hugh Hefner murió en septiembre de 2017. El acuerdo prenupcial obligó a Crystal a abandonar la casa en tres meses. Poco después, llegaron la rabia y el desconcierto. Su manera de ver la belleza estaba totalmente influenciada por la toxicidad de la mansión. Ahora veía lo horrendo que era el look Playboy. Había pasado la veintena oyendo a las otras conejitas hablar de cirugías como quien habla de teñirse el pelo y no podía evitar seguir pensando que su valor como mujer dependía de su físico. Poco a poco, dejó de subir fotos en bikini y de preocuparse por los likes masculinos en su Instagram.

No buscaba un final feliz porque era consciente de que la vida no va así, pero parece que lo ha conseguido. Después de publicar su libro y de aprender a defenderse en los medios (tenía mucha bilis acumulada por las entrevistas ridículas y maliciosas que le hacían en la veintena), Crystal Hefner ha dejado ir su pasado y ha sido entonces cuando todo se ha colocado en su sitio. Está enamorada y comprometida con el empresario de turismo James Ward y tras una década en una mansión llena de moho, ahora va de un país a otro: Botsuana, Uganda, Polinesia Francesa, México, Nueva Zelanda, las islas Cook… ¡increíble!



Un rebrand perfecto, en mi opinión. ¡Ojalá sus memorias se publiquen en castellano, porque no tienen desperdicio!

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8 Comments
  1. Madre mía!
    Y yo que en mis años mozos me llamaba muchísimo la atención todas las conejitas y la vida que llevaban y mira que triste es la realidad …

  2. Me da rabia cuando no se critica a ciertos famosos que van con niñas ultrajóvenes. Ya han salido muchos testimonios de cómo sintieron que se aprovecharon de su juventud e inexperiencia , como el caso de Courtney Stodden o el de Laura Escanes

  3. me acuerdo de la novia a la fuga! No sabia que al final volvió con él…. Quiero leer el libro!

  4. Vaya, qué interesante! No conocía a Crystal y su historia, como la de otras chicas que viven situaciones similares, merece una reflexión. Gracias!

  5. Me ha encantado el post. Recuerdo la época de las gemelas y el asco que me producía todo aquel universo, pero también cómo desde los medios ofrecían una visión de abuelito picarón y edulcorado de Hef y las conejitas. Nunca es demasiado tarde y me alegro de que la verdad de estas mujeres salga a la luz. Pero me alegro mucho más de que hayas vuelto a publicar. Gracias!!!

  6. Me acuerdo de las gemelas Bentley que habra sido de ellas???

    1. Sandy tiene el Instagram abierto, Mandy lo tiene privado. Viven muy bien las dos

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