Mi Pasión Por las Velas Diptyque

Mi Pasión Por las Velas Diptyque

Las velas Diptyque eran un secreto que muy pocas mujeres conocían.

Las clientas solían ser redactoras de moda y belleza de París. Todas tenían una vela de Diptyque en casa. Cuando llegaba una chica nueva a la oficina, las demás le decían que una de las primeras cosas que tenía que hacer era comprar una. Era indispensable para ser una mujer con clase.

La elegancia, decían, comenzaba en el hogar. Lo de ir con un moño feo y tener la casa llena de velas baratas con olor a plástico no era compatible con hablar de moda y belleza. El truco fue pasando de las redacciones de París hasta las de Nueva York. Las neoyrquinas vivían en apartamentos pequeños encima de restaurantes de comida india. Las velas de Diptyque eran tan penentrantes que enmascaraba los olores a comida y cerveza.

 

 

Empezaron a ser aún más valoradas cuando se descubrió que no había nada químico ni sintético en su composición. El sistema de elaboración, hecho a mano, consistía en veinte pasos. Ni uno más, y ni uno menos. El diseño, aunque muy pulcro y minimalista, tenía unas etiquetas ovaladas inspiradas en un medallón del siglo XVIII, imposibles de imitar.

No eran velas de usar y tirar. Eran pequeñas joyas de cristal que luego se podían conservar. De hecho, es lo que todas las clientas de Diptyque hacemos. ¿Cómo vamos a tirar a la basura algo tan bonito?

 

 

Recuerdo la primera vez que compré una vela Diptyque. No quería la de Baies, que es la que compra todo el mundo, ni tampoco la de vainilla, por ser un aroma más común. La apuesta más segura era la vela de nardo, Tubereuse. La tuberosa es mi flor favorita, pura pasión. Es muy intensa, floral y con un componente afrodisiaco muy poderoso. Lo malo es que en mis excursiones buscando perfumes nicho me he encontrado con todo tipo de fragancias de nardo. No todas me han gustado.

No esperaba algo tan exquisito y diferente, y al mismo tiempo, tan preciso. Era el olor perfecto: no le faltaba ni le sobraba nada. Y que ya se notara el aroma incluso con la caja precintada era una buenísima señal. Así empezó un largo idilio que dura hasta el día de hoy. Me encanta llegar a casa, ducharme, relajarme y encender una o dos velas Diptyque. Sí, son muy caras, pero me da igual.

 

 

El aroma de las velas perdura tanto si están encendidas como apagadas, por lo que no es necesario prenderlas durante horas para que la estancia se impregne de su perfume. Me encanta estar en alguna habitación y notar ráfagas del olor, sin que la vela esté encendida aún. O notar el perfume al entrar en casa. Me gusta mucho tener una en el dormitorio, otra en el recibidor, y una más en el salón.

Para elegir la vela de Diptyque adecuada, solo hay que experimentar. Al final me he dado cuenta de que con las velas me pasa lo mismo que con los perfumes: siento predilección por los aromas florales. No me terminan de convencer los frutales, y mucho menos, los cítricos.

La que me vuelve loca, Tubereuse, como os he dicho, curiosamente, es la más vendida en España.

 

 

He caído con la vela de edición limitada de Navidad que Diptyque ha sacado este año. Compré Unicorn por el color verde, y porque la descripción dice que huele a menta, a pino y a leña. Muy navideña. También me tentaba Phoenix, porque me encantaba la idea de tener una vela que oliera a canela y mirra. Hasta que leí en un blog que aunque tenía una esencia antigua y misteriosa, hacía pensar en una iglesia vaticana, y la descarté.

Y mira, los unicornios molan.

 

Diptyque tiene en el mercado más de cincuenta esencias distintas, pero las más vendidas son:

-Figuier: higuera. Muy fresca.

-Baies: rosas y hojas de grosella negra. Es la más famosa de todas. Seguro que la habéis visto en un montón de fotos.

-Feu de Bois: mezcla de maderas, tiene un aroma muy hogareño a chimenea.

-Vanille: esencia de vainilla bourbon mezclada con sándalo y elemí.

-Ambre: con vetiver, pachouli, anís, incienso y especias desconocidas.

-Opopanax: de mirra dulce. Se hizo popular por ser la resina que utilizaba Alejandro Magno para perfumar sus ropas.

-Muguet: hecha con lirios recién cortados. Dicen que trae buena suerte. Yo la compro para encenderla en Fin de Año.

 

 

Si lleváis un tiempo leyéndome, ya sabréis que valoro mucho las fragancias especiales. Me gustan los perfumes exclusivos y los productos capilares de alta gama. Los olores son recuerdos, rituales, lugares, personas, flores, plantas, países y paisajes. Un aroma particular que salga de vuestro cabello, o de vuestro cuello… eso es algo que no tiene precio. Es una carta de presentación muy buena, que hace que los demás te valoren y te recuerden. Mi opinión es que algo tan importante para mí también tiene que aplicarse a mi hogar.

Tampoco penséis que las compro cada semana. Duran mucho. A veces compro la edición limitada de Tubereuse de 300 gramos y es en Navidad cuando me desquito y compro muchas de golpe. Ahora es la época de los caprichos sin sentir culpabilidad.

Las velas Diptyque se venden en tiendas de perfumería de lujo. Yo las compro siempre en Space NK. Repito: son las mejores velas del mundo.