La Belleza en la Época Victoriana

La Belleza en la Época Victoriana

La victoriana era una sociedad curiosa. Tan cerrada, tan obsesionada por las apariencias, y al mismo tiempo… tan hipócrita. Todavía se usa el término victoriano para definir a algo o alguien excesivamente recatado, puritano o sexualmente anticuado.

Otro hecho que nos deja claro lo irónico de la época era el comportamiento de las mujeres. A pesar de la educación que recibían, eran profundamente envidiosas y criticonas, capaces de destruir a una mujer por llevar un sombrero pasado de moda o por dar un paseo con un hombre.

Pero para entender qué es lo que pasó durante esas décadas, es mejor darle un repaso a la causante de todo: la reina Victoria. Como su reinado duró sesenta y tres años, resumir su vida sería demasiado tedioso. Pero hay que destacar anécdotas que demuestran cómo se las gastaba: expulsó de la corte a una dama por creer que estaba embarazada cuando en realidad tenía cáncer de hígado, nunca le perdonó a su hijo mayor por tener relaciones sexuales con prostitutas, y guardó luto por su marido nada más y nada menos que… cuarenta años. 

 

 

Las mujeres de la época victoriana tenían mucha presión encima. Necesitaban cazar a un buen partido en cuanto antes, al mismo tiempo que debían mantener una reputación intachable. La belleza era un arma muy importante para conseguirlo. La piel blanca era necesaria para encontrar marido. La palidez se asociaba con las clases acomodadas, y las mujeres que no eran ricas tenían que aparentar serlo para subir su cotización en el mercado del matrimonio.

La mayoría de las mujeres de la época victoriana aplicaban arsénico directamente en el rostro para blanquearlo, a modo de crema. Las ricas iban más lejos y lo bebían en pequeñas dosis, creyendo que ingerido eran mucho más efectivo. Todas enloquecían por el arsénico, atribuyéndole propiedades que como se demostró años después, eran inexistentes. Incluso lo utilizaban para lavarse el pelo.

 

 

La apariencia débil era muy habitual. Para combatirla, se aconsejaba a las mujeres que se sentaran al aire fresco un rato todos los días y que durmieran al menos siete horas por noche. Unos ojos abiertos, despiertos y brillantes eran un atributo muy cotizado. Para conseguirlos, algunas mujeres utilizaban belladonna como colirio casero para dilatar las pupilas. Con los años se demostró que ese truco causaba ceguera a largo plazo.

¿Qué hay del cabello, algo peliagudo en cualquier época de la humanidad? La alta sociedad de la época victoriana exigía peinados elaborados y siempre a la última moda. Hay muchas ilustraciones y fotografías que nos muestran cuáles eran los estilismos capilares que causaban furor. Los postizos también eran muy frecuentes.

El reinado de Victoria fue largo, así que la época victoriana abarca varias décadas, y por lo tanto, varios estilos distintos.

 

 

 

Entre 1865 y el año 1900 el cabello extremadamente largo fue considerado como un símbolo de feminidad. Era uno de los bienes más preciados para una mujer.

Las mujeres victorianas llegaron hasta el final y consiguieron la preciada melena, tan larga que se arrastraba por el suelo. La moda se extendió hasta el otro lado del Atlántico, llegando a Estados Unidos. Siete hermanas neoyorquinas, conocidas como Seven Sutherland Sisters, se hicieron ricas exhibiendo sus larguísimos cabellos por circos y salas de fiestas.

 

 

La moda era también un motivo de sufrimiento para las victorianas, sobre todo si pertenecían a un círculo social importante. No podían repetir vestido, ni llevar prendas de temporadas anteriores. La moda avanzaba de forma rápida e implacable. La mujer que no tenía dinero para seguirla era despreciada sin miramientos.

Una mujer tenía la obligación de salir de casa con la mejor apariencia que pudiera lograr, porque si no, iba a ser ferozmente criticada, por detrás… y a la cara. Esta ilustración de 1890 demuestra perfectamente cómo eran los dardos envenenados entre las mujeres victorianas. “I hope you’re not so tired as you look” –espero que no estés tan cansada como aparentas estar- es lo que la mujer del dibujo le dice a la otra. Las mujeres victorianas sabían muy bien cómo chinchar a otras.

 

 

Como en cualquier sociedad demasiado rígida, las perversiones abundaban: en 1888, había más de 1200 prostitutas y 60 burdeles en Londres. La prostitución era una opción que las mujeres pobres tenían para sobrevivir sin tener que pasarse el día entero cosiendo, limpiando o haciendo de vendedoras ambulantes. Pero eso no significaba que se hicieran ricas. Era simplemente un forma más fácil de vivir de manera humilde. La mayoría de las prostitutas vivían al día. El precio de sus servicios bajaba a medida que envejecían.

Algunos barrios del Londres de la época victoriana eran auténticos burdeles callejeros.  Las prostitutas daban vueltas buscando clientes. Algunas noches, llegaba a haber quinientas en una misma calle. Como eran consideradas lo más bajo, incluso existían salidas organizadas de hombres de clase alta, que bajaban a esos los barrios solo para divertirse apaleándolas. Uno de ellos, conocido como Jack El Destripador, llegó un poco más lejos y asesinó de forma cruel a varias de ellas, sin que las autoridades lograran descubrirle jamás.

 

 

 

La reina Victoria murió en 1901 y su sucesor fue su hijo, Eduardo VII. La época posterior se conoce como era eduardiana o belle epoque, y eso que el reinado de Eduardo duró solo diez años. La muerte de Victoria marcó el comienzo de unos años más libertinos y divertidos para toda la población, después de décadas de rigidez y un puritanismo de lo más ridículo y cursi.

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