Estoy leyendo las memorias de Isabel Preysler y sorpresa: habla de todas sus cirugías estéticas. De hecho, dedica un capítulo entero a hablar del asunto.
¡Menuda sorpresa de libro! Los primeros capítulos me estaban pareciendo un poco decepcionantes. Isabel estaba siendo demasiado educada y comedida, que es lo que es ella, claro, pero leer que dejó a Julio Iglesias porque le estaba siendo infiel con una mujer… ¿cómo que con una mujer? ¡Será con una mujer cada media hora! Eso y los “mi gran amigo/mi gran amiga” seguido por el nombre de un aristócrata, médico, socialité, empresario, mujer de empresario y “a quien le tengo mucho cariño”… No pintaba bien. Y yo ya sabía que Isabel tenía un año más de lo que la gente pensaba y que Chabeli es Leo, no Virgo, porque en realidad nació el 1 de agosto, no en septiembre como sus padres dijeron ya que se casaron embarazados. O sea, que sentía que no estaba contando nada que no se supiera.
Entonces llegó un capítulo titulado “Harta de mi Nariz“. Creedme, ninguna famosa contaría lo que he leído. Aunque ha esperado hasta los 74 años para hacerlo, cuando obviamente ya le da igual todo. ¡Ni muerta lo habría confesado en su época de esplendor!
Parece ser que, en total, Isabel Presyler se ha operado la nariz siete veces. Aunque dicen que su entorno ha desmentido la cifra, solo hay que contar con los dedos. ¿Qué problema había para que tuviera que pasar tantísimas veces por el quirófano?
Bien, la historia empieza en Manila, cuando Isabel se operó de las amígdalas siendo muy joven. Como tenía problemas respiratorios, el cirujano, que era el mismo que había operado a Imelda Marcos (mala señal, lo que admite la propia Isabel) decidió limarle el tabique sin su consentimiento. La cosa no fue más allá hasta que, años después, ya en España y casada con Julio Iglesias, se dio cuenta de que le estaba saliendo un bulto en el caballete. Mirando sus fotos de los 70 y los 80, en realidad es a partir de su boda con Carlos Falcó cuando su nariz empieza a cambiar cada X tiempo. En la segunda imagen se aprecia el bultito.


El doctor de su primera rinoplastia oficial fue Benito Vilar Sancho, cirujano de Carmen Martínez Bordiú y considerado el mejor por aquel entonces. Después de examinarle la nariz, le dijo a Isabel que en Filipinas le habían quitado demasiado cartílago y que si volvía a operarse, era muy probable que con los años la punta de la nariz se le fuera hacia abajo. Isabel solo pensaba en el bulto que le molestaba y decidió que daba lo mismo: quería solucionarlo. La cirugía duró la friolera de cuatro horas y según supo Isabel más tarde a través de un médico residente presente durante la operación, todo el equipo médico entró en pánico cuando su nariz empezó a desmoronarse. Nadie sabía qué hacer, incluido el cirujano estrella. Había que reconstruirlo todo de cero y eso se podía conseguir quitándole cartílago de las orejas, algo habitual.
El problema era que nadie tenía fotos de Isabel en el quirófano para usar como referencia. En otras palabras, iban a tener que reconstruirle la nariz tirando de memoria.
Cuando Isabel despertó de la anestesia, se encontró con un vendaje en la cabeza y con Vilar Sancho haciéndole lo que ahora se llama gaslighting. La nariz era como el capó de un coche, le dijo: “no sabes lo que te vas a encontrar hasta que abres”. También era probable que Isabel se hubiera dado un golpe de niña que hubiera afectado al interior de su nariz, “algo muy habitual”. Y en cuanto a no tener fotos suyas en el quirófano, bueno, es que en principio iban a limarle solo el hueso. Lo importante era que le había dejado “una naricita perfecta”.
La expresión naricita perfecta es de esas que dan escalofríos e Isabel, efectivamente, tuvo un mal presentimiento al oírla. Cuando le quitaron la férula tuvo que aguantarse las ganas de llorar. El resultado era terrible: la nueva nariz era demasiado pequeña y no encajaba con sus rasgos.


Para mantener las apariencias y por una cuestión de orgullo, cada vez que alguien le preguntaba por la operación la reina de corazones aseguraba estar “encantada” con el resultado, pero se apresuraba a cambiar de tema para que no se le notara el disgusto. Vilar Sancho se ofreció a hacerle una rinoplastia de revisión para arreglar el desaguisado, y aunque Isabel no entra en más detalles, parece que fue todavía peor, porque terminó con menos cartílago que antes, si es que eso era posible.
Cuando se vio con ánimos para volver a intentarlo, esta vez se fue directa a Estados Unidos. Un cirujano de Nueva York la rechazó y otro sí aceptó su caso. El doctor, al que no menciona, le dejó una nariz “correcta, pero de cristal”. Cuando empezó su relación con Miguel Boyer tenía una nariz más parecida a la suya, con más cuerpo y con menos distancia con el labio.


Isabel tuvo un respiro (nunca mejor dicho) hasta que su hija Ana le dio un golpe jugando y le rompió una nariz que ya tenía unos cimientos muy poco sólidos. Tocaba volver a operar. Su “gran amigo” Javier de Benito la recibió en la clínica Teknon y se la quitó amablemente de encima: era mejor que se operara en Dallas con el doctor Jack Gunter. Era el mejor cirujano rinoplástico del mundo y especialista en casos imposibles . Isabel se fue para allá, bien cargada de fotos suyas para que esta vez no hubiera errores. Como no había cartílago suficiente, ni en la nariz ni en las orejas, el cirujano le dijo que iba a tener que utilizar parte de una costilla.
La costilla como material de reconstrucción puede ser espectacular, pero no deja de dar problemas. Recuerdo haber leído hace mil años que algunos cirujanos ya preferían otros materiales, como láminas de matriz. Con los injertos de costilla el resultado estético era perfecto, pero poco uniforme. A la que la persona empieza a expresarse con normalidad pueden visualizarse los bordes del hueso y con el tiempo, hay desplazamiento.
Increíble leer que eso fue justo lo que le pasó a Isabel Presyler. Le había quedado una nariz perfecta, pero no podía gesticular ni sonreír. Y con el rodaje del anuncio de Ferrero Rocher a la vuelta de la esquina, aquello era un lujo que no podía permitirse. Aunque el médico le dijo que no podía volver a intervenir hasta que no hubiera pasado un año, Isabel le exigió que hiciera una excepción. Si insistes… pensaría Jack Gunter, que accedió a operarla de nuevo, usando tornillos para sujetar la nariz.

Para ir resumiendo, Isabel no supo que tenía tornillos hasta que notó las protuberancias años después, y para entonces, el cirujano Jack Gunter ya había fallecido. Tres médicos madrileños aceptaron su caso (su gran amigo Javier de Benito estaría a esas alturas dispuesto a irse a vivir a Australia para librarse) y le quitaron dos tornillos. El tercero se le había caído a la propia Isabel cuando se sonó la nariz días antes de la operación.
Isabel tiró la toalla, y con el tiempo, hizo las paces con el asunto. Está tan cansada de quirófanos y médicos, dice, que ya le da igual. Está retirada de los focos y su belleza no le quita el sueño como antes.

¿Ha contado más cosas interesantes, en lo que a belleza se refiere? Pues sí.
- Tiene dos liftings hechos, el primero mini y el segundo completo.
- Un día se le cayó un tarro de dos quilos de aloe vera, y le dejó una brecha tan profunda que Miguel Boyer la quiso llevar a urgencias de inmediato. Pero Isabel recordó el consejo que sus amigos médicos le habían dado: que no había que ir a urgencias por heridas en la cara, porque el único especialista que puede coser puntos sin dejar cicatriz es el cirujano plástico, y es raro que haya uno en urgencias.
- Por las mañanas solo se aplica tónico. Es por la noche cuando hace la rutina facial completa con una emulsión limpiadora de Massumeh, un serum de Sisley, una hidratante de Caudalie y cremas especiales para el cuello (recuerdo a Julio José Iglesias diciendo que siempre la veía poniéndose un montón de crema en los codos).
- Nunca utiliza agua del grifo para limpiarse la cara porque tiene mucha cal.
- Para la ducha (no es muy de bañeras) le gustan los productos de Jo Malone.
- Todos los sábados vienen a casa a hacerle la manicura, pero con los años, ya solo quiere que le pongan un poquito de brillo.
- Usa la base Traceless Foundation de Tom Ford y perfilador de cejas de NARS.
- Siempre había dedicado los lunes a comer solo fruta porque así creía que compensaba los excesos del fin de semana, hasta que en la clínica Buchinger le explicaron que el arroz integral con verduras tenía el mismo efecto depurativo (curiosamente, el arroz integral con verduras es lo que tenían que comer las bailarinas en Showgirls).
- Para bótox, etc, confia en la doctora chilena Sandra Bacian, pero admite que sus primeros tratamientos fueron con el doctor Chams.
¡Aaaaaaah, el doctor Chams! Me acuerdo perfectamente de esa historia. Para las lectoras Gen Z, el doctor Chams era una especie de mago de la belleza del que se hablaba mucho en 2005-2006, porque inyectaba un cóctel de vitaminas tan espectacular que se decía que podía sustituir a un lifting. Nacido en Teherán, todos los meses cogía un avión privado para inyectar a Rania de Jordania, Nicolas Sarkozy y Catherine Deneuve. El hype llegó a España, y pronto se publicó que sus clientas ibéricas eran las hermanas Koplowitz (que se enfadaron mucho cuando se hizo público su secreto), Nati Abascal, Ana Rosa Quintana, la reina Sofía, y efectivamente, Isabel Presyler.
Esos nombres hace veinte años eran la mejor propaganda para cualquier producto y servicio de belleza: la bola de nieve se hizo tan grande que el doctor Chams empezó a viajar a Madrid para completar jornadas maratonianas de inyecciones, a 1500 euros la sesión. Se decía que atendía a más de 20 personas al día y que no paraba ni para comer. Pronto despejó la agenda para estar en Madrid dos y hasta tres veces por semana; con semejante demanda ibérica, Rania de Jordania iba a tener que esperar.
Su caída en desgracia llegó poco después. Supongo que muchas personas del sector multiplicaron 20 por 1500 y después 30.000 por 3 y se propusieron hundir al doctor. También llegaron a su consulta mujeres que no eran tan refinadas como las anteriormente nombradas pero que podían pagar sus precios de sobra, como Mila Xímenez y Ángela Portero, de esas que si no notan nada especial, en lugar de sonreír de forma encantadora y decir que todo estaba “fenomenal” iban a enfadarse y reclamar. Todo tenía pinta de ser un caso monumental del traje nuevo del emperador y Ángela Portero, después de dejarse 6000 euros de la época en varias sesiones que no sirvieron de nada, decidió ir a por él.

El “reportaje de investigación” de Ángela Portero reveló que el doctor Chams ganaba 200.000 euros semanales pero que no los declaraba a Hacienda porque solo aceptaba pagos en efectivo y no emitía facturas. Su crema, que vendía a 185 euros, era una fórmula básica que tenía un precio de fábrica de 5,10 euros. Se sospechaba que no estaba legalmente autorizado para pasar consulta en España. En cuanto al famoso cóctel de vitaminas, la periodista juraba que podía demostrar que solo contenía agua y como mucho, un poco de ácido hialurónico (pero no lo hizo).
El reportaje terminaba con Ángela Portero gritándole al doctor en su consulta “¡Vas a ir a la cárcel!”. Lol. Los demás colaboradores, algunos clientes del doctor Chams, como Víctor Sandoval (ese era el nivel entonces), dijeron que Ángela Portero solo había aportado reproches, pero ninguna prueba.
Es cierto que todo parecía una venganza personal, pero estaba claro que nada parecía justificar el precio de las inyecciones, así que la gente empezó a cancelar sus citas y el doctor Chams contrató a Javier Saavedra para que le defendiera de las acusaciones. Su cóctel no era secreto, decía, cualquier cliente que quisiera saber qué contenían las agujas podía saberlo: Sculptra, placenta, funículus, ácido hialurónico, retinol, nicotinamida y vitaminas. Claro que había agua en las jeringas, porque el bótox necesita agua para disolverse. El Ministerio de Sanidad le inspeccionó dos veces y determinó que todo estaba en orden. Y por supuesto que podía ejercer en España porque estaba inscrito en el Colegio de Médicos desde 2003. Todo era una venganza personal, aseguraba, perpetrada por la dueña de una clínica que había trabajado con él y que quería hundirle para que otro médico tomara el revelo.
Lo último que leí del doctor Chams fue una entrevista en un periódico brasileño que le presentaba como el médico de la reina Letizia. Lol. Yo creo que no la ha visto en su vida. Ni tampoco a Rania de Jordania.
Volviendo a Isabel, termina el capítulo explicando cómo prepara (perdón, le preparan) la ropa para los viajes y que no deja de sorprenderle que la incluyan en la lista de las mujeres más elegantes de nuestro país porque no sigue la moda y ahora, más que enseñar, lo que prefiere es taparlo todo.
Las memorias mejoran muchísimo a partir de ahí, así que os las recomiendo.







Estoy deseando leerla y especialmente por las cartas con Vargas Llosa!
Fue en La Noria lo de la Portero, que recuerdos…. 😂😂
Estoy alucinando con los problemas que puede ocasionar a la larga un rinoplastia! Y yo q creía que te la hacías y te olvidabas!
Qué ojo para las fotos Daiquiri! ❤️
Justo hace días estaba viendo su especial de Navidad en Disney Plus, pero me pareció curioso que explicaba que siempre desayunaba lo mismo( kiwi, té de linaza, y un té de jamaica al terminar).
que alegria leerte de nuevo!
Muy contenta de que hayas vuelto daiquiry. Un saludo
Gracias 😻
Daikiri qué maravilla contar contigo de nuevo