RealHousewives of Beverly Hills, Mi Reality Favorito (I)

RealHousewives of Beverly Hills, Mi Reality Favorito (I)

¡Ha llegado el momento de hablar de mi reality favorito (el único)!

Cómo cambian las cosas con el tiempo. Hace años, me puse a ver Realhousewives of Beverly Hills (traducido en Netflix España como Mujeres Ricas) un poco por encima y solo porque quería ver las escenas de Yolanda, la madre de Gigi y Bella Hadid, que me tenía obsesionada. Era una mujer tan ideal que era inevitable fijarse, pero en general, el programa no terminaba de ser… de mi interés. Creo que no le veía el sentido a ver la realidad de mujeres tan ricas y por qué no decirlo, tan mayores. ¿Dramas de mujeres de 40 y 50 y tantos? No. Pero ahora… ejem. Vaya sí me interesan sus cosas. En resumen, me inspiran, me entretienen y soy fan.

Aviso ya de que voy a escribir sobre muchas, como he hecho con las mujeres de Enrique VIII.

¿De qué va este reality tan exitoso que ha cambiado por completo las vidas de sus participantes y que tiene tantas comunidades de fans que suman millones de usuarios? Principalmente, de la existencia de “amas de casa”, mujeres casadas o divorciadas y con hijos de entre 40 y 55 años, con montones de dinero y que viven en Beverly Hills, en Malibú o en Encino (la exacta localización es importante). Hay otras franquicias que se ruedan en Atlanta, Nueva York o Miami, pero la de Beverly Hills es la más popular y en la que se invierten más recursos de producción. Porque el reality no consiste solo en grabar a las mujeres en su casa. Las vemos interactuando con las demás participantes en cenas, viajes y fiestas. Se forman alianzas y rencillas y mientras, vamos viendo el día a día de estas mujeres.

¿Cómo son? ¿Cómo se llevan con sus maridos? ¿Qué aficiones tienen? Es más interesante de lo que parece.

El drama está asegurado y en las primeras temporadas, es de nivel avanzado. Pero ¿cómo asegurarse de que eso sea así? Bravo (la productora) no quería que las Housewives no se conocieran de nada porque eso impedía la evolución rápida de la trama. Era necesario que hubiera una conexión previa para que los problemas empezaran a bullir en cuanto antes bajo la superficie. Otro problema era que muchas de las mujeres ricas de Los Ángeles son actrices, lo han sido o han intentado serlo. No hay realidad que valga si todas las integrantes del show saben actuar, así que se descartaron muchas buenas candidatas.

Bravo estuvo meses buscando a las que serían las cinco housewives de la primera temporada y el casting fue la comidilla de la ciudad. Al final, eligieron a:

  • Kyle Richards: casada con el agente inmobiliario Mauricio Umansky, madre de cuatro hijas y tía de Paris Hilton.
  • Kim Richards: ex estrella infantil de Hollywood y hermana de Kim.
  • Lisa Vanderpump: inglesa, propietaria de más de veinte pubs y restaurantes de lujo. La más estratega y sibilina.
  • Adrienne Maloof: heredera multimillonaria del imperio Maloof, dueña de casinos en Las Vegas y casada con el cirujano Paul Nassif, al que no soporta. También es vecina de Lisa, lo que pronto será un problema.
  • Taylor Armstrong: la única de origen “humilde”, nacida en Oklahoma y casada con un oscuro asesor financiero.
  • Camille Grammer: ex bailarina de la MTV y esposa de la estrella de la televisión Kelsey Grammer.


¿Para qué meterse en ese fregado con tanto dinero? Normalmente, la gente rica quiere vivir tranquila y sin exposición, pero el show era una oportunidad fantástica para promocionar sus negocios. Para otras era una cuestión de aburrimiento y también de ego. Una de las mujeres ricas de las últimas temporadas (Cristal Minkoff) perdió a todas sus amigas cuando la eligieron. Cuando indagó un poco sobre el motivo del enfado, resultó que varias se habían presentado al casting y no habían sido elegidas.

Todas podían tener sus razones, pero para los productores, el fichaje más sorprendente era el de la desconocida Camille Grammer. Casi no se lo podían creer. Kelsey Grammer, su marido, era un actor muy querido y respetado en Estados Unidos y también, un hombre muy celoso de su intimidad. ¿En serio le parecía bien que su esposa se metiera en un reality show? Si la housewife está casada, se espera que el marido salga en cámara. Pero parece que Kelsey Grammer estaba dispuesto. No solo eso: cuando Camille empezó a echarse atrás, Kelsey se comprometió con Bravo a hacer todo lo que estuviera en su mano para que su mujer firmara el contrato. El actor estaba a punto de marcharse a Nueva York para trabajar en Broadway, pero no quería irse sin dejar el asunto solucionado. Camille era una mujer sensacional y se merecía que el público la conociera más allá de ser la mujer de Kelsey Grammer. Si había que rodar dentro de su gigantesca mansión de Malibú no importaba, ¡las cámaras podían entrar en su espacio privado y ver como Camille le preparaba las camisas para los viajes! Andy Cohen, el productor ejecutivo y moderador de las reuniones, no daba crédito.

Al final, resultó que el actor tenía sus motivos. Kelsey Grammer llevaba meses liado con una azafata de vuelo y necesitaba tener a Camille distraída y ocupada con el rodaje en Beverly Hills mientras él estaba con su amante en Nueva York. Cuando terminó el rodaje de la primera temporada, le dijo a una perpleja Camille que quería el divorcio y nunca más volvió a dirigirle la palabra. Como no había acuerdo prenupcial y habían estado casados más de diez años, Camille se llevó unos cuarenta millones de dólares de indemnización.



Fue Camille, precisamente, la que más dio de hablar. De todas las mujeres ricas de Beverly Hills, ella era la que parecía vivir más alejada de la realidad. Tenía cuatro niñeras -dos para cada niño-, necesitaba un carro de golf para desplazarse por su inmensa propiedad, y decía estar “extremadamente ocupada, mucho más que las demás”. Sus tareas consistían en organizar al personal de sus cinco mansiones, elegir vestidos para ir a entregas de premios, ir a alguna actividad extraescolar de los niños y preparar cenas para sus amigas. Cuando esas obligaciones la dejaban exhausta, se iba a su casa de Hawaii a tomarse un merecido respiro. Para ella era muy importante, decía, tener tiempo para si misma.

Las demás no la soportaban y cuando Camille dijo que se llevaba mejor con los hombres porque las mujeres eran muy envidiosas, no hizo más que empeorar las cosas.



La revista People la eligió como la housewife más detestable y le dedicó una portada celebrando el dudoso honor. Camille se quedó tan horrorizada con el odio que recibió de la audiencia y los medios que contrató a una empresa de relaciones públicas para que la ayudara a gestionar su imagen. El consejo que recibió fue sencillo: perfil bajo y boca cerrada en la segunda temporada. Su historia (storyline) sería a partir de ahora su día a día como mujer divorciada, recomponiendo su vida y repartiéndose el dinero de la venta de las casas que había compartido con Kelsey Grammer, pero sin ostentar. Por desgracia, pensar en lo que los demás van a decir sobre ti es lo peor que se puede hacer en un reality show. Bravo no le renovó el contrato para la tercera temporada.

Uno de los elementos de la vida cotidiana de los ricos de Beverly Hills que Camille Grammer introdujo fue la figura del mayordomo. La vida social de estas mujeres es intensa y, en algunos casos, es lo único que tienen. Demostrar que eres una buena anfitriona es importante. Naturalmente, ellas no cocinan ni se espera que lo hagan. Kyle o Taylor contratan cocineros para las cenas, pero las que son ricas de verdad recurren a empresas de catering, y las que son aún más ricas y perfeccionistas contratan a un mayordomo para que dirija el catering y organice los menús.

Para el reality, las cenas son importantes porque todas las housewives están juntas y hay alcohol a raudales. Creo que el tema de las bebidas está más regularizado, pero antes, se hablaba de trucos de producción para que las amas de casa no se dieran cuenta de la cantidad de botellas de vino o tequila que estaban consumiendo. Antes de los postres, ya se están gritando y señalando con el dedo.

Una de las cenas más míticas es la que tienen lugar en casa de Camille en la primera temporada, cuando una médium con muchas copas de más predice el divorcio de Kyle Richards en cuanto sus hijas se hagan mayores “porque descubrirás que tú y tu marido ya no tenéis nada en común”. Spoiler: su predicción se cumplió, efectivamente, catorce años después.



La siguiente oportunidad de oro para los dramas son los viajes. Suele ser así: una ama de casa sugiere que se vayan todas de “vacaciones” a algún sitio que conoce o del que le han hablado (o en el que otra de las mujeres tiene una casa), y Bravo organiza el resto. Los hoteles están encantados de acomodarlas a todas a cambio de publicidad gratuita y los vuelos son en primera clase o en el avión privado del amigo o marido de una de ellas. Aunque la excusa para los viajes es la de “rebajar tensiones”, suele pasar todo lo contrario. Imaginad unas vacaciones con vuestros compañeros de trabajo; al fin y al cabo, es lo que estas mujeres son.

A mí me encanta verlas preparándose para los viajes, porque el show las muestra haciendo las maletas y organizándose (o no organizándose en absoluto). El exceso de equipaje es muy común, y como las reinas del renacimiento o una Miss Venezuela en la concentración de Miss Universo, la mayoría se cambian de ropa tres o cuatro veces al día.

Como he contado antes, en las franquicias donde hay dinero pero el perfil es más bajo, como Nueva York o Atlanta, en las escenas del desayuno las housewives aparecen como cualquier persona normal que aún no se ha despertado del todo, vestidas con lo primero que pillan y con mala cara, pero las de Beverly Hills son otra historia. Denise Richards, que se incorporó al show en la temporada 9, no salía de su asombro cuando las veía a todas de punta en blanco sin haberse tomado aún el primer café. Ella apenas se había llevado unos bikinis, tops y shorts monos (era un viaje a las Bahamas) y no sabía dónde meterse.

Es precisamente en ese viaje donde se refleja otra de las curiosidades de esta gente: la hipocresía, o la cortesía social, según el punto de vista. Los cumplidos exagerados al saludarse son comunes y un poco desconcertantes. “¡Hola! ¡Oh, madre mía, estás guapísima! ¡Llevas un vestido increíble!” o “¡Qué preciosa estás! ¡Me encanta cómo tienes el pelo hoy!”. Denise Richards, con una camiseta básica y una coleta, no mordió el anzuelo cuando Camille le dijo, un pelín condescendiente: “¡Tus shorts son súper monos!”. “Ya. Gracias”, respondió.



En realidad, el arreglo personal no está tan sumamente producido en las primeras temporadas. Si os fijáis, veréis a muchas con extensiones que dejan mucho que desear. Ni Adrienne Maloof, con una fortuna personal de 60 millones de dólares y acceso a lo mejor de lo mejor, se libra de salir con unos pelos espantosos. Es a partir de la sexta temporada cuando la cosa empieza a írsele a todo el mundo de las manos. La incorporación de la diva Erika Jayne es la causa. Erika es una cantante muy conocida en la comunidad gay que se apuntó a Realhousewives of Beverly Hills para relanzar su carrera. Con los millones de su marido septuagenario a su entera disposición, Erika tenía su propio equipo de maquilladores y estilistas, conocido como glam squad, cuya ocupación era la de asegurarse de que saliera perfecta en todas sus escenas.

El resto de las mujeres tomaron nota y empezaron a llevarse a su propios maquilladores a los viajes y a no rodar sin antes haber pasado por el proceso de chapa y pintura, cada una con su presupuesto, porque Bravo se negaba a pagar el glam squad de nadie. La productora considera que el programa debe reflejar la realidad de cada ama de casa. En otras palabras, si quiere salir maquillada o no, es cosa suya. Ellos no proporcionan maquilladores para las escenas cotidianas, solo para las entrevistas y las reuniones del final de temporada. Este era un aspecto del contrato especialmente irritante para las que han vivido toda la vida de su físico, como Lisa Rinna.

Para otras, como Erika Jayne, salir con la cara lavada simplemente no tenía sentido. Y Kyle Richards, que es la única housewife que aguanta desde la primera temporada, prefiere maquillarse ella misma y sabe cómo hacerlo. Será por qué también es la única ama de casa nacida en Beverly Hills; se sabe todos los trucos.

Por cierto, en esta imagen podéis ver otro invento que utilizan para las escenas grabadas por la mañana: los parches para los ojos.



¿Qué pasa con la cirugía estética? Las primeras amas de casa admitían llevar bótox y otras reconocían haberse operado el pecho. ¿Pero por qué tenían que contar nada? Pues por la audiencia, que enviaba comentarios muy crueles sobre la apariencia de las housewives. A veces, algunas de esas opiniones llegaban a las mujeres en forma de pregunta que tenían que contestar en la reunión: “Lisa, ¿llevas bragas con relleno? Tu culo parece más prominente esta temporada” o “Taylor, ¿qué es lo que te pasa exactamente en los labios?”.

Taylor, que es la que sale llorando en el famoso meme de la mujer y el gato, contó que llevaba un Permalip, un implante de labio, y que sabía que le quedaba mal, pero no quería arriesgarse a quitárselo y prefería vivir con ello. A la pobre solo le faltó pedir perdón por si alguien se había sentido ofendido por su boca.



Es difícil verse a uno mismo en televisión, desde un montón de ángulos y no siempre bajo la mejor luz. Hay filtros, pero no hacen milagros. Los productores contaron en el libro The Housewives de Brian Moylan que prácticamente ninguna de las mujeres aguanta sin hacerse un retoque después de la primera temporada. Ni las más conservadoras resisten. Otras directamente se quedan espantadas al verse y corren a la consulta del cirujano. Denise Richards ha contado en un podcast que al verse en el reality se dio cuenta de la flacidez que tenía en las mejillas, pero que tenía miedo de pasar por el quirófano para arreglarlo.

¿Qué es esa reunión que tanto menciono? Ese es el momento que todas las amas de casa temen. Es cuando tienen que enfrentarse a todo lo que han dicho y hecho durante la temporada con Andy Cohen como moderador. Toca dar explicaciones y revivir tensiones y conflictos que supuestamente se habían solucionado. Doce horas de rodaje que luego se editan para dividir la emisión final en dos o tres partes (según lo polémica que haya sido la reunión). Muchas admiten que no pueden ni dormir la noche anterior, pero es parte obligatoria del contrato. Si la housewife no se presenta, está automáticamente despedida.

Como al final el reality se ha convertido en un fenómeno, los looks son cada vez más afectados. Se esperan vestidazos, accesorios increíbles, postizos de Hidden Crown Hair… Antes simplemente se ponían un vestido bonito y tacones. Aquí podéis ver la evolución.



Los looks no son lo único que ha cambiado desde la primera temporada. El origen del dinero de las housewives ha pasado a ser una cuestión delicada. Hemos pasado de grandes fortunas familiares y matrimonios millonarios a fraudes, maridos estafadores declarándose en bancarrota, y lo más sorprendente, amas de casa que dependen totalmente del sueldo del reality para vivir. Eso hace que la trama sea más absurda y los dramas más forzados, porque algunas necesitan que les renueven el contrato y eso se nota. A partir de la temporada 12, Realhousewives of Beverly Hills cae en picado.

Las amas de casa no tienen ni voz ni voto a la hora de elegir lo que se puede ver o no. La última palabra la tiene la productora. Si algo terrible ha sucedido durante una grabación, se muestra. Cuando las hermanas Kyle y Kim casi llegan a las manos en la primera temporada y Kyle llamó a Kim alcohólica, suplicó que no se emitiera la escena, pero no pudo ser. Eso sí, cuando el marido de una de las housewives se quitó la vida durante el rodaje de la segunda temporada, se pensó en suspender el reality. Al final, la decisión fue la de editar las escenas en las que aparecía mostrándose más desagradable para no enturbiar su imagen y para que la temporada no fuera tan triste y oscura.

Os animo a que lo veáis. ¡Ya me contaréis qué os parece!

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4 Comments
  1. Mi guilty pleasure! Veo las de BH, Atlanta y NY. Con la que más me río es con Nene Leakes de las de Atlanta, es una fuente inagotable de memes.

  2. Daiquiri Denise Richards la de Charlie Sheen? 😳😳😳

  3. Me encanta esta serie!! Llevo años siguiéndola y estoy deseando ver las próximas temporadas ❤️❤️❤️

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